Érase una vez un sueño

11 Mayo, 2008

Lac Léman

Guardado en: Fotografía, Viajes — Etiquetas:, , , — dajoropo @ 15:50

Haciendo cuentas ya llevo unos cuatro meses viviendo en Madrid (Ya en mi segundo piso y buscando el tercero…). En este tiempo ya me han enviado cuatro semanas a Suiza, eso hace un 25% del total. Creo que mi siguiente piso lo debería buscar al lado de Barajas…

Ya está viniendo el buen tiempo, deja de haber nieve en los paisajes suizos y la cosa cambia un tanto, como que he descubierto que en Suiza también hay terrazas, no todo van a ser trenes puntuales. Así que aquí va un panorama con la vista que había desde el hotel en mi penúltimo viaje hasta la fecha.

Lago Léman, dicen, el más grande de Europa. No lo he nadado en plan David Meca para comprobarlo pero me fio de estos suizos. Tiene forma de croissant y es como un pequeño mar para un pequeño país lleno de montañas. En el último viaje jugámos al fúbtol junto al lago, y ganamos el frente español-vietnamita, si es que teníamos que estar en la selección…

Hay una expresión que aprendí hace poco que usan los franceses para meterse con los suizos y con su tranquilidad para hacer las cosas: “Il n’y a pas de feu au lac”, que viene a decir que no hay que preocuparse, tranquilidad, no ves que no hay fuego en el lago… es una especie de Hakuna Matata suizo.

Así que bueno, que alguién avise si ve fuego en el lago.

“A veces ocurre que tienes un agujero en el zapato durante mucho tiempo, y no te das cuenta hasta que un día llueve, y se te moja el pie” - Gran compendio de esas frases que te asaltan por la mañana temprano. Versículo taitantos

24 Abril, 2008

Belleza

Guardado en: Uncategorized — dajoropo @ 18:07

Después del concierto de Maui lo tengo más claro que nunca. La belleza es una cuestión de actitud. No cobro por la frasae, y quien opine lo contrario, que me espere a la salida.

Y de regalo el cielo de Marruecos…

Pues nada, a sentirse bell@s tod@s

Escuchando: Aaron - U-turn (Lili)

18 Abril, 2008

El lector de Princesa

Guardado en: Lo que une un día con otro, madrid — Etiquetas:, , , , , , — dajoropo @ 11:08

Una de las calles conocidas de Madrid es la calle Princesa, cerca de la que yo vivía hasta hace poco. Al pasar por Plaza de España se convierte en Gran Vía, haciéndose más conocida aún y a la vez llenándose de musicales y gente estresada.

En esta calle hay una agencia de viajes en cuya puerta siempre hay un hombre al que no me atreveré a llamar pobre, porque no sé si lo es. Por las noches duerme entre cartones y mantas que tiene siempre a su lado durante el día en una especie de carrito que parece que nunca mueve de allí, aunque este tenga ruedas.

Digo que parece que nunca mueve, porque no importa a que hora pase uno, él siempre está allí. Sentado o durmiendo, dependiendo de la hora a la que pasemos, pero allí constante y nunca, nunca, le he visto pedir ni coger dinero.

La cosa se vuelve más curiosa cuando gente que ha vivido en Madrid hace ya más de tres años comenta: “¿Aún sigue ese hombre ahí?”. Es casi un icono de la calle, podrían vender camisetas con su foto en las tiendas de souvenir.

Pero lo más curioso para mi es que, exceptuando alguna vez que se queda mirando a la gente pasar, siempre está leyendo. Cada vez que lo veo tiene un libro diferente, y para nada pequeño. Pensando en todo el tiempo que lleva allí y al ritmo que lee podría haberse engullido ya alguna que otra biblioteca.

Todas las típicas preguntas me asaltan cuando lo veo: ¿De qué vive? ¿Cómo consigue los libros? ¿Irá a la biblioteca? ¿Por qué está siempre en esas escaleras? Cosas que probablemente nunca sabré.

Hace poco tuve un problema de goteras en mi habitación y he tenido que mudarme, como no, durante días de lluvia. Para llevarme todas mis cosas necesité varios viajes, y eso que llevo aquí tres meses, pero qué fácil es acumular cosas.

Durante el último viaje de la mudanza llevaba una mochila de montaña con un cojín en la cima, la guitarra en la mano y unas bolsas en la otra. Una estampa curiosa para añadir al metro de Madrid. Si tuviese alguna foto os ilustraría con ella.

Cuando salí de mi calle por última vez y bajé por calle Princesa para ir al metro, pasé por delante del lector. Entonces me vio tan cargado de cosas, y se me quedó mirando. Nos mirábamos el uno al otro al principio, y luego él a mi.

Durante el recorrido de aquellos metros de acera me observaba, a mí y a mis bultos, a la guitarra en mi mano y al cojín que sobresalía tras mi cabeza. Y fue en ese momento cuando me di cuenta, con cierta media sonrisa pintada en la cara, que él, nuestro lector, se estaría haciendo las mismas preguntas que yo me había hecho antes.

Escuchando: Coldplay – Green eyes

28 Marzo, 2008

Ser especial

Guardado en: Reflexiones — dajoropo @ 13:27

Todo el mundo quiere de algún modo ser especial. Si no para toda la humanidad, al menos para alguien en concreto. Ser especial o diferente para alguien es lo mismo que importarle a ese alguien. No es nada malo querer serlo, es natural querer importar a la gente que te importa, y por qué no, importar a la gente que no te importa. De algún modo buscamos crear nuestra singularidad, nuestra forma única y exclusiva de ser y de vivir.

Siempre están las tribus sociales y urbanas. La sensación de protección que proporciona pertenecer a un grupo, o a un colectivo que te represente (aunque uno quiera ser una persona independiente, ya puede entrar dentro del grupo de las personas independientes…). Todo esto forma parte básica del ser humano, el huir de la separatidad (sensación de separación). Pero aún así, dentro de este grupo querremos ser algo singular, algo único.

La singularidad se puede buscar de muchas formas, y una de ellas es no vivir donde has nacido. Tan simple, pero real. El simple acto de ir a vivir a otro sitio, te confiere por encima del resto de habitantes autóctonos bastantes puntos en este marcador de singularidad del que estamos hablando.

Si eres de otro sitio, ante todo te estas enfrentando a un ambiente diferente, puede que a una cultura distinta, en definitiva, a una forma de vivir, que no tiene por qué ser parecida a la tuya. Un idioma distinto, cultura distinta, vivir a gran distancia de la gente que quieres en tu lugar de origen… Un sin fin de razones para ser singular en tu entorno.

Lo he notado a lo largo de los intercambios que he vivido. En tu ciudad natal eres una persona más que ha nacido y crecido con el resto, serás lo singular que hayas conseguido ser, serás lo normal que hayas querido ser, pero como todos los demás, eres de allí, y siempre lo has sido. Y puede que eso no te guste.

No digo que esto sea necesario, ni que todo el mundo se vaya a vivir fuera por esto, y sobre todo me refiero a estancias en el extranjero, que es donde más se nota este efecto. No es lo mismo uno de Cádiz en Santiago de Compostela (que ya tiene lo suyo) que un médico judío de Nueva York en Alaska.

Pero pensando un poco creo que cuando uno viaja a otro sitio a vivir, tal vez esté en el fondo (aunque sólo sea un poco) buscando ser más especial de lo que lo es en el lugar que lleva viviendo toda su vida, el que lo ha visto nacer, crecer, y convertirse en lo que es.

Escuchando: Morcheeba - Antidote

25 Marzo, 2008

Receta contra el mal tiempo

Guardado en: Fotografía — dajoropo @ 13:25
SolMantel
Everywhere you go,
you always take the weather with you,
everywhere you go,
you always take the weather…

14 Marzo, 2008

Y es que todo es un ciclo

Guardado en: Videos — dajoropo @ 18:03

Mientras que no tengo internet en casa y para que sepais que no estoy muerto, ahí va un video interesante.

3 Febrero, 2008

Dormir soñando

Guardado en: Reflexiones — Etiquetas:, , — dajoropo @ 12:00

Y durante tanto tiempo soñó que dormía con ella que cuando al fin durmieron juntos, no supo qué soñar.

28 Enero, 2008

El karma del Actimel

Guardado en: Dan y Cía, Lo que une un día con otro, madrid — Etiquetas:, , , , , — dajoropo @ 12:00

Cómo el día de mi cumpleaños lo iba a pasar en Suiza y además caía en lunes, decidí hacer una fiestecilla el sábado anterior. Hay un grupo considerable de malacitanos en los madriles, así que mi piso iba a vivir mi primera fiesta en estas tierras.

Invitaría a unos ocho, algo íntimo que se diría, hasta que nuestro querido señor O (intentaré conservar su anonimato) me preguntó si podía traer un par de personas. Accedí de inmediato sin imaginarme que el señor O no sabe contar, y que un par pueden ser ocho o más personas. Simplemente tenemos diferentes conceptos en la aritmética básica.

No he descrito mi piso, pero es un tanto peculiar. Es antiguo, enorme y vivimos once personas, pero casi no me encuentro con nadie. Algunas habitaciones son más grandes que los mini pisos aquellos de la ministra y la gente hace vida en el cuarto. Más que piso parece un hostal.

Pese a su tamaño el piso no tiene un gran salón y la cocina no es para tirar cohetes. Todo lo que pudo ser convertido en dormitorio, fue convertido en pro de los beneficios del propietario, que tiene que estar de vacaciones todo el año a nuestra costa.

Volviendo al tema de la fiesta. Éramos muchos más de los que esperaba, y además no había comprado bebidas suficientes. Mi intento de mojito pese al cariño que le pusieron los creadores, no aguantó para que algunos invitados pudieran probarlo.

Pasaban las horas y ya no quedaba cerveza. Había gente que había traído bebidas, pero sin refresco. Junta un grupo de personas un sábado por la noche en una cocina con ron y diles que sólo cojan cosas de tu estante de la nevera, a ver que pasa.

Vi un zumo, oí hablar de una Coca Cola®, por supuesto que yo no tenía y ya era más que consciente de que no controlaba aquello. Se acabaron las bebidas y nos marchamos a algún local de Malasaña con nombre de transporte marítimo.

Hasta aquí todo bien. Al día siguiente amanecí a las mil y me tomé una ducha matutina a las cuatro de la tarde. Poco después, el compañero de piso de Chipre toca en mi puerta para preguntarme si he visto su reloj en el cuarto de baño. Parece que alguien lo había cogido.

Mal rollo generalizado en la casa, nadie sabe nada del reloj. La casera dice que si se entera de quién ha sido lo echa. Todavía faltaba por preguntar a gente que no estaba en casa aunque el afectado da la cosa ya por perdida.

Pensando en el karma y esas cosas que dice Earl, me da por decir “a ver si alguien, enfadado por la fiesta de ayer, ha pensado que el reloj era mío y en venganza se lo ha llevado”. Por otro lado pensaba en lo infantil que sería.

Pese a que lo dije por decir, nuestro amigo sin reloj, respondió que la compañera de piso argentina estaba bastante enfadada por la mañana dado que algún energúmeno se había bebido su Coca Cola®. Todo encajaba en mi puzzle mental, así que bajé al chino de turno a suplir la Coca Cola® y el zumo sustraídos, creyendo que con ello recuperaba el estado original de las cosas, y que el karma actuaría en consecuencia trayendo de vuelta el reloj de mi compañero de piso.

Al día siguiente me fui a Suiza, así que estaría cuatro días sin saber cómo continuaba esta interesante historia. Llegué el jueves. El reloj no había aparecido ni lo ha hecho todavía y la compañera argentina pese a mis disculpas muestra un carácter opuesto a lo gentil. Algo fallaba. Yo había repuesto lo hurtado, ergo el karma era un fraude.

Un par de días después, uno de los hombres mayores que viven en el piso me comentó en la cocina si se había resuelto lo de las cosas que faltaban, a lo que yo le conté el resumen de todo esto, y que si le faltaba algo que me lo dijera, que lo repondría.

– Pues a mi me faltan dos yogures
– ¿Dos yogures? Pero no creo que nadie vaya a coger dos yogures a las 3 de la mañana… de todas formas si quiere se los compro
– No, no, no, da igual, si tampoco es molestia. Son sólo dos yogures.

Yo pensaba que el tipo quería que le supliera aprovechando la coyuntura.

Otro día después me encuentro con algunos de los participantes de la fiesta y cuento toda esta larga historia, y mi desilusión ante el karma. Tras esto no puedo escuchar nada más que:

– ¡Ostia!, ¿a que no sabes lo que me contó el señor O sobre la fiesta?
– ¿Qué?
– Que fíjate tú si estaría borracho, que me dijo que hasta bebió Actimel® con ron…

Yo ya no sabía qué sería lo siguiente. Resulta que impulsado por el señor J (del que mantendremos también su anonimato) bebió esta curiosa mezcla en vista de la escasez de refrescos. Y lo peor de todo es que me luego me dice que estaba bueno y todo.

¿Debería comprar los Actimeles® para reestablecer el equilibrio cósmico?

22 Enero, 2008

Freedom

Guardado en: Fotografía, Reflexiones — dajoropo @ 17:23

“A veces para poder escuchar hay que tener los ojos bien abiertos”

14 Enero, 2008

Veinticinco y una fondue

Guardado en: Reflexiones — Etiquetas:, , , , , — dajoropo @ 23:56

Y parece que fue ayer cuando estaba yo cumpliendo años en Finlandia, y con ello por primera vez fuera de España. Hace ya cuatro años de eso y ahora me encuentro en una habitación de hotel en Ginebra, Suiza, en algo que se parece al barro rojo de Ámsterdam a excepción de que las señoritas llevan paraguas. Es que hoy llueve.

Empecé haciendo un resumen de los últimos cumpleaños, intentando acordarme de qué estaba haciendo hace uno, dos, tres, cuatro, y hasta cinco años. Más allá todo se difumina y no consigo distinguir apenas ningún cumpleaños, excepto uno en el que la tarta tenía forma de barco. La edad, no importa, la tarta estaba buena.

Ya que me ha tocado un día un tanto feo en Ginebra, que aquí todo cierra pronto y que he venido solito en este viaje, me decidí a ir a comer algo nuevo y muy suizo, o al menos algo de las zonas colindantes y me dirigí al bar restaurante recomendado por mi contacto en Suiza.

Dado que pagaba la empresa y que tenía hambre, allí que me pedí una ‘fondue al pesto’. Toda ella para mí. Medio litro de cerveza y una bola de helado de chocolate acompañaban el encargo de cumpleaños del que me sentía orgulloso por haberlo hecho en francés. De los montes de Málaga, pero en francés. Mi marcador de ciudadano del mundo ganaba puntos.

Mientras esperaba la comida pensé en que quería escribir algo aquí, que está el chiringuito algo abandonado desde que estoy en Madrid. Pensaba en escribir sobre la separatidad (sensación de separación) del ser humano de la que he estado leyendo hace poco. Único gran problema al que nos enfrentamos en la vida, y ponerme en plan profundo a divagar de esto, aquello y de lo otro. Mi marcador intelectual podía sumar unos puntos.

Pero el desarrollo de la cena, alteró mis planes, y es que no sabía cómo comer una fondue. Primero vino la cerveza a la mesa, luego un plato con pan y otro platito con un delgado y largo tenedorcito. Tras esto llegó una especie de hornilla con una llama azul. Por ahora todo bien, lo único comestible era el pan, así que no existían demasiadas posibilidades de error. Tras esto el camarero colocó una cacerola sobre el fuego, con un líquido hirviente, burbujeante, palpitante. Se aproximaba la hora de comer, pero aún no sabía cómo.

El camarero dejó de pasar, y de traer cosas nuevas. Yo me entretenía mirando los mensajitos de feliz cumpleaños (muchas gracias de paso) y el tiempo pasaba. Yo intentaba actuar con normalidad, como alguien que sabe lo que hace, con esa cara que tiene siempre Sean Conery, y seguí esperando con aires de normalidad.

Ya se había evaporado un tercio de la cacerola cuando el camarero me preguntó si algo iba mal. Y ese fue el momento señores y señoritas. En ese mismo instante me empequeñecí cuanto pude y dejé de intentar aparentar ser un 007, pensé que seguía siendo el catetillo que siempre he sido y en ese momento dije, en inglés para intentar ampararme en mi condición de extranjero, “es que no sé como se come”. La frase tiene miga.

Tras una demostración práctica sin necesidad de palabras, pude empezar a comer, y darme cuenta de que si hubiese preguntado antes en vez de hacerme el listo, ahora tendría un tercio de fondue más. Mi marcador de estúpido ascendía hasta límites insospechados.

Ahora tan sólo tenéis que imaginar a un pobre payaso en suiza comiéndose una fondue mientras se ríe sólo. Así será fácil recordar este cumpleaños, será el cumpleaños de la fondue, o el de “si no sabes, pregunta hijo”. Que diría mi tan sabía madre.

Existen muchas formas de desnudarse. Quitarse la ropa es tan sólo una de ellas.

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