A veces me gusta mucho pensar en por qué ocurren las cosas. Ir tirando de los acontecimientos que me llevan desde la situación actual hacia el pasado. Ver qué acciones la originaron y así creer que puedo entender un poco mejor como he llegado hasta aquí. Y al final ver que no controlo casi nada.
El 10 de enero de 1993 se estrenó Azul, dirigida por Krzysztof Kieślowski. Sí, yo tampoco sé como pronunciar el nombre de este hombre, pero sé decir gracias, cómo estas, bien y cariño en polaco (Ah! Migue, también sé decir Marta en polaco ;).
Esta película daría comienzo a la trilogía conocida como “Tres colores” (Azul, Blanco y Rojo), cada uno de ellos uno de los pertenecientes a la bandera francesa, y cada una de las películas representando el significado de los colores: azul libertad, blanco igualdad y rojo fraternidad.

Cuando yo era pequeño, mi hermano mayor tenía esta película grabada, y recuerdo un día en el que la rebobinaba una y otra vez para poder copiar de los subtítulos la letra del coro del principal tema musical de la película. Cosas de los soportes magnéticos.
Resulta que ese coro está extraído de la Primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios. Tiempo después dimos este texto en clase de religión (Tras cambiar de profesor, el anterior sólo recuerdo que nos tiraba de las orejas de vez en cuando). Mi hermano me pidió que le preguntara a la profesora si se podía encontrar el texto en su idioma original y resultó que la profesora no tenía ni idea del asunto, pero me sonrió.
Pasó el tiempo y el año pasado, en el programa de Quintero, se leyó un fragmento de la carta a los Corintios. Recordé la película, que no había llegado a ver, y la añadí a la lista de pendientes. Impulsos que tiene uno.
Hace unos meses me robaron la antena del coche. Ahora sólo se oyen las emisoras más famosillas y, bien aconsejado, recurrí a las cintas de casete (Cintas que desde hace tanto tiempo guardaba y a punto había estado de tirar varias veces) para poder poner algo de música cuando sufría los ataques de la radio. Sus ataques consisten en ponerte las mismas canciones día tras día a la misma hora hasta que eres un zombi a su servicio y llevas tu coche a CarGlass y pagas la cuota de Legalitas.
Hace un mes me dan una hermosa baja (Gracias Karma) y me pongo a ver películas como un loco. Veo unas dos diarias, a veces creo que es enfermizo, pero aquí estamos. Ayer vi Azul. No es que haya cambiado mi vida, pero me gustó mucho y me he enamorado de Juliette Binoche.
Ayer por la noche, después de ver la película, de entre las cintas viejas que tengo en el coche, salió una que grabé hace años. La cinta tiene muchas canciones de bandas sonoras de películas, y entre ellas la canción de Azul, la canción del coro: Song for the Unification of Europe.
Y toda esta historia, para terminar poniéndoos aquí el texto que recogí cuando Quintero mencionó la carta en su programa y que me hace ahora poner en la lista de pendientes a Blanco y a Rojo. Disfruten, y recuerden niños, los ciclos nunca duermen.
Fragmento de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintos.
“[…] Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.
Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.
Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.
El amor no pasa nunca.”