Érase una vez un sueño

1 Agosto, 2008

New Soul

Archivado en: Lo que une un día con otro, Madrid, Música, Videos — Etiquetas: — dajoropo @ 12:00

Bueno, pues ahora mismo tengo que estar sacando cosas de maletas y cajas, llenando una nevera y un armario, pegando fotos en las paredes y dando vueltas histérico por mi nuevo piso haciendo muchos chistes malos, así que os dejo con el video que más encaja en la situación de una forma mucho más moderada.

Yael Naim - New Soul

Feliz principio de agosto a tod@s.

18 Abril, 2008

El lector de Princesa

Archivado en: Lo que une un día con otro, Madrid — Etiquetas:, , , , , , — dajoropo @ 11:08

Una de las calles conocidas de Madrid es la calle Princesa, cerca de la que yo vivía hasta hace poco. Al pasar por Plaza de España se convierte en Gran Vía, haciéndose más conocida aún y a la vez llenándose de musicales y gente estresada.

En esta calle hay una agencia de viajes en cuya puerta siempre hay un hombre al que no me atreveré a llamar pobre, porque no sé si lo es. Por las noches duerme entre cartones y mantas que tiene siempre a su lado durante el día en una especie de carrito que parece que nunca mueve de allí, aunque este tenga ruedas.

Digo que parece que nunca mueve, porque no importa a que hora pase uno, él siempre está allí. Sentado o durmiendo, dependiendo de la hora a la que pasemos, pero allí constante y nunca, nunca, le he visto pedir ni coger dinero.

La cosa se vuelve más curiosa cuando gente que ha vivido en Madrid hace ya más de tres años comenta: “¿Aún sigue ese hombre ahí?”. Es casi un icono de la calle, podrían vender camisetas con su foto en las tiendas de souvenir.

Pero lo más curioso para mi es que, exceptuando alguna vez que se queda mirando a la gente pasar, siempre está leyendo. Cada vez que lo veo tiene un libro diferente, y para nada pequeño. Pensando en todo el tiempo que lleva allí y al ritmo que lee podría haberse engullido ya alguna que otra biblioteca.

Todas las típicas preguntas me asaltan cuando lo veo: ¿De qué vive? ¿Cómo consigue los libros? ¿Irá a la biblioteca? ¿Por qué está siempre en esas escaleras? Cosas que probablemente nunca sabré.

Hace poco tuve un problema de goteras en mi habitación y he tenido que mudarme, como no, durante días de lluvia. Para llevarme todas mis cosas necesité varios viajes, y eso que llevo aquí tres meses, pero qué fácil es acumular cosas.

Durante el último viaje de la mudanza llevaba una mochila de montaña con un cojín en la cima, la guitarra en la mano y unas bolsas en la otra. Una estampa curiosa para añadir al metro de Madrid. Si tuviese alguna foto os ilustraría con ella.

Cuando salí de mi calle por última vez y bajé por calle Princesa para ir al metro, pasé por delante del lector. Entonces me vio tan cargado de cosas, y se me quedó mirando. Nos mirábamos el uno al otro al principio, y luego él a mi.

Durante el recorrido de aquellos metros de acera me observaba, a mí y a mis bultos, a la guitarra en mi mano y al cojín que sobresalía tras mi cabeza. Y fue en ese momento cuando me di cuenta, con cierta media sonrisa pintada en la cara, que él, nuestro lector, se estaría haciendo las mismas preguntas que yo me había hecho antes.

Escuchando: Coldplay – Green eyes

28 Enero, 2008

El karma del Actimel

Archivado en: Dan y Cía, Lo que une un día con otro, Madrid — Etiquetas:, , , , , — dajoropo @ 12:00

Cómo el día de mi cumpleaños lo iba a pasar en Suiza y además caía en lunes, decidí hacer una fiestecilla el sábado anterior. Hay un grupo considerable de malacitanos en los madriles, así que mi piso iba a vivir mi primera fiesta en estas tierras.

Invitaría a unos ocho, algo íntimo que se diría, hasta que nuestro querido señor O (intentaré conservar su anonimato) me preguntó si podía traer un par de personas. Accedí de inmediato sin imaginarme que el señor O no sabe contar, y que un par pueden ser ocho o más personas. Simplemente tenemos diferentes conceptos en la aritmética básica.

No he descrito mi piso, pero es un tanto peculiar. Es antiguo, enorme y vivimos once personas, pero casi no me encuentro con nadie. Algunas habitaciones son más grandes que los mini pisos aquellos de la ministra y la gente hace vida en el cuarto. Más que piso parece un hostal.

Pese a su tamaño el piso no tiene un gran salón y la cocina no es para tirar cohetes. Todo lo que pudo ser convertido en dormitorio, fue convertido en pro de los beneficios del propietario, que tiene que estar de vacaciones todo el año a nuestra costa.

Volviendo al tema de la fiesta. Éramos muchos más de los que esperaba, y además no había comprado bebidas suficientes. Mi intento de mojito pese al cariño que le pusieron los creadores, no aguantó para que algunos invitados pudieran probarlo.

Pasaban las horas y ya no quedaba cerveza. Había gente que había traído bebidas, pero sin refresco. Junta un grupo de personas un sábado por la noche en una cocina con ron y diles que sólo cojan cosas de tu estante de la nevera, a ver que pasa.

Vi un zumo, oí hablar de una Coca Cola®, por supuesto que yo no tenía y ya era más que consciente de que no controlaba aquello. Se acabaron las bebidas y nos marchamos a algún local de Malasaña con nombre de transporte marítimo.

Hasta aquí todo bien. Al día siguiente amanecí a las mil y me tomé una ducha matutina a las cuatro de la tarde. Poco después, el compañero de piso de Chipre toca en mi puerta para preguntarme si he visto su reloj en el cuarto de baño. Parece que alguien lo había cogido.

Mal rollo generalizado en la casa, nadie sabe nada del reloj. La casera dice que si se entera de quién ha sido lo echa. Todavía faltaba por preguntar a gente que no estaba en casa aunque el afectado da la cosa ya por perdida.

Pensando en el karma y esas cosas que dice Earl, me da por decir “a ver si alguien, enfadado por la fiesta de ayer, ha pensado que el reloj era mío y en venganza se lo ha llevado”. Por otro lado pensaba en lo infantil que sería.

Pese a que lo dije por decir, nuestro amigo sin reloj, respondió que la compañera de piso argentina estaba bastante enfadada por la mañana dado que algún energúmeno se había bebido su Coca Cola®. Todo encajaba en mi puzzle mental, así que bajé al chino de turno a suplir la Coca Cola® y el zumo sustraídos, creyendo que con ello recuperaba el estado original de las cosas, y que el karma actuaría en consecuencia trayendo de vuelta el reloj de mi compañero de piso.

Al día siguiente me fui a Suiza, así que estaría cuatro días sin saber cómo continuaba esta interesante historia. Llegué el jueves. El reloj no había aparecido ni lo ha hecho todavía y la compañera argentina pese a mis disculpas muestra un carácter opuesto a lo gentil. Algo fallaba. Yo había repuesto lo hurtado, ergo el karma era un fraude.

Un par de días después, uno de los hombres mayores que viven en el piso me comentó en la cocina si se había resuelto lo de las cosas que faltaban, a lo que yo le conté el resumen de todo esto, y que si le faltaba algo que me lo dijera, que lo repondría.

– Pues a mi me faltan dos yogures
– ¿Dos yogures? Pero no creo que nadie vaya a coger dos yogures a las 3 de la mañana… de todas formas si quiere se los compro
– No, no, no, da igual, si tampoco es molestia. Son sólo dos yogures.

Yo pensaba que el tipo quería que le supliera aprovechando la coyuntura.

Otro día después me encuentro con algunos de los participantes de la fiesta y cuento toda esta larga historia, y mi desilusión ante el karma. Tras esto no puedo escuchar nada más que:

– ¡Ostia!, ¿a que no sabes lo que me contó el señor O sobre la fiesta?
– ¿Qué?
– Que fíjate tú si estaría borracho, que me dijo que hasta bebió Actimel® con ron…

Yo ya no sabía qué sería lo siguiente. Resulta que impulsado por el señor J (del que mantendremos también su anonimato) bebió esta curiosa mezcla en vista de la escasez de refrescos. Y lo peor de todo es que me luego me dice que estaba bueno y todo.

¿Debería comprar los Actimeles® para reestablecer el equilibrio cósmico?

21 Mayo, 2007

La pirámide de la autosuficiencia

Archivado en: Lo que une un día con otro — dajoropo @ 18:23

Un día tu madre se queja de que el termo echa humo. Después de decirle que deje de decir tonterías, ves que la pared del patio está negra. Puede que tenga algo que ver y que tenga razón. A veces las cosas no son tan obvias como parecen, hace falta que alguien se queje para que lo sean.

Te pones a desmontar el termo, poco a poco y con cuidado, es un mundo nuevo lleno de posibles olvidos. Recuerda donde va ese tornillo, como encajaba aquella pieza, procura no romper ninguna gomilla y no toques la parte que se encarga del gas. Conocemos nuestras limitaciones, con eso sólo juegan los señores de naranja que vienen cada 5 años a pasarte la factura.

Llegas a una parte donde hay algo atorado. Parece que algo cayó sobre el termo y ahora es hollín negro y ceniza. Lo limpias, te ensucias y vuelves a montarlo todo como si pulsaras el botón de rebobinar en versión torpe. Todo está como al principio y, por supuesto, al ponerlo en marcha sale agua por todas partes.

Mojado, tras comprar las piezas de fontanería que sustituyan a las rotas, el termo es una autentica máquina de calentar agua, parece que no hay humo, no hay fugas de agua. El sonido de la llama te hace pensar en lo orgulloso que estaría de ti el tipo de Bricomanía (como Dios en estos casos) y comienzas a caminar 5 centímetros por encima del suelo.

Directamente flotas. No ha habido que pagar a un técnico para que lo repare, tu ego se dispara y te coloca directamente en la cima de la pirámide de la autosuficiencia, claro compartiendo escalón con el de Bricomanía y los que cambian los tubitos del gas cada 5 años.

Piensas que la pirámide de la autosuficiencia es más importante incluso que la alimenticia, eres el Rey de las averías deberían enseñar eso en la escuela, dedicándole al menos un tema entero. Estas por encima de los que tienen que pagar a un autónomo, que digo yo, por encima de los autónomos incluso, y también por encima del Rey, que seguro que tiene 15 personas esperando ensuciarse cuando se le estropea algo. Es tu momento y lo sabes.

Al día siguiente el horno deja de funcionar. No hace nada de nada. Piensas que era el más barato y que ya habrá llegado su hora. “Aunque lo abriera no sabría qué hacer con estas cosas eléctricas” te dices para consolar tu inutilidad. Preparas el pan de ajo como puedes en la tostadora y te conformas.

Llega el técnico, mira el horno, ve que el cable se ha salido del horno, lo aprieta y funciona. En este momento tu ego cae en picado sobre tu cabeza y te clava en el suelo convirtiéndote en un ser casi invisible dentro de la pirámide de la autosuficiencia.

Tienes que pagarle a un señor que ha venido sólo para decirte que apretaras el cable, que se habrá salido limpiando. Puede que no haya reparación más estúpida, te dices, y te consuela pensar que al menos sólo te ha pedido 5 euros, podría haber sido peor…

Escuchando: R.E.M. - Animal

“Everything should be made as simple as possible, but no simpler”
Albert Einstein

10 Abril, 2007

Hoy he dejado el trabajo

Archivado en: Lo que une un día con otro — dajoropo @ 14:31

“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.”
Albert Einstein

3 Abril, 2007

Azul. Cierra y abre ciclos.

Archivado en: Cine y TV, Lo que une un día con otro — dajoropo @ 19:15

A veces me gusta mucho pensar en por qué ocurren las cosas. Ir tirando de los acontecimientos que me llevan desde la situación actual hacia el pasado. Ver qué acciones la originaron y así creer que puedo entender un poco mejor como he llegado hasta aquí. Y al final ver que no controlo casi nada.

El 10 de enero de 1993 se estrenó Azul, dirigida por Krzysztof Kieślowski. Sí, yo tampoco sé como pronunciar el nombre de este hombre, pero sé decir gracias, cómo estas, bien y cariño en polaco (Ah! Migue, también sé decir Marta en polaco ;).

Esta película daría comienzo a la trilogía conocida como “Tres colores” (Azul, Blanco y Rojo), cada uno de ellos uno de los pertenecientes a la bandera francesa, y cada una de las películas representando el significado de los colores: azul libertad, blanco igualdad y rojo fraternidad.

Azul

Cuando yo era pequeño, mi hermano mayor tenía esta película grabada, y recuerdo un día en el que la rebobinaba una y otra vez para poder copiar de los subtítulos la letra del coro del principal tema musical de la película. Cosas de los soportes magnéticos.

Resulta que ese coro está extraído de la Primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios. Tiempo después dimos este texto en clase de religión (Tras cambiar de profesor, el anterior sólo recuerdo que nos tiraba de las orejas de vez en cuando). Mi hermano me pidió que le preguntara a la profesora si se podía encontrar el texto en su idioma original y resultó que la profesora no tenía ni idea del asunto, pero me sonrió.

Pasó el tiempo y el año pasado, en el programa de Quintero, se leyó un fragmento de la carta a los Corintios. Recordé la película, que no había llegado a ver, y la añadí a la lista de pendientes. Impulsos que tiene uno.

Hace unos meses me robaron la antena del coche. Ahora sólo se oyen las emisoras más famosillas y, bien aconsejado, recurrí a las cintas de casete (Cintas que desde hace tanto tiempo guardaba y a punto había estado de tirar varias veces) para poder poner algo de música cuando sufría los ataques de la radio. Sus ataques consisten en ponerte las mismas canciones día tras día a la misma hora hasta que eres un zombi a su servicio y llevas tu coche a CarGlass y pagas la cuota de Legalitas.

Hace un mes me dan una hermosa baja (Gracias Karma) y me pongo a ver películas como un loco. Veo unas dos diarias, a veces creo que es enfermizo, pero aquí estamos. Ayer vi Azul. No es que haya cambiado mi vida, pero me gustó mucho y me he enamorado de Juliette Binoche.

Ayer por la noche, después de ver la película, de entre las cintas viejas que tengo en el coche, salió una que grabé hace años. La cinta tiene muchas canciones de bandas sonoras de películas, y entre ellas la canción de Azul, la canción del coro: Song for the Unification of Europe.

Y toda esta historia, para terminar poniéndoos aquí el texto que recogí cuando Quintero mencionó la carta en su programa y que me hace ahora poner en la lista de pendientes a Blanco y a Rojo. Disfruten, y recuerden niños, los ciclos nunca duermen.

Fragmento de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintos.

“[…] Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.

Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.

Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.

Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.

El amor no pasa nunca.”

8 Enero, 2007

Miradas

Archivado en: Lo que une un día con otro — dajoropo @ 22:18

Cuando volvió la luz, el televisor desprendía un ligero olor a quemado. No encendía.

De repente hubo un gran silencio en el salón, y ninguno supimos donde mirar.

20 Diciembre, 2006

Cuatro situaciones en Marruecos

Archivado en: Lo que une un día con otro, Viajes — dajoropo @ 20:08

Por si luego se me olvida alguna, o por si me llamáis abuelo cebolleta contando historietas, o por si no os veo normalmente o por si queréis leerlas.

Contadas en orden cronológico inverso.

Propiciada con resultado inesperado.

Para salir de Fez regateábamos el precio de un taxi, éramos 4 personas y en Marruecos es normal que en un mercedes se metan hasta 6 personas más el conductor. Mientras hablábamos del precio, le dije al conductor que iríamos nosotros solos, los 4, nadie más.

Después de aceptar nuestro precio y empezar a meter las maletas se sentó un hombre mayor, con chilaba y sombrero, elegante, en el asiento del acompañante. Yo le dije al conductor que habíamos acordado ir solos, era un viaje de varias horas y no quería que mi padre estuviese como en una lata de sardinas.

El conductor empezó a decir, que no pasaba nada, había mucho sitio en el coche y demás. Le dijimos que si no cogeríamos otro taxi.

Cuando el conductor le dijo al anciano que saliese del taxi, este se me quedó mirando. Una mirada que se me clavó. No comprendía por qué no le queríamos dejar viajar con nosotros. Ni él hablaba español ni yo francés, y árabe menos. No tengo ni idea de qué es lo que le diría el conductor para sacarlo, así que no sé que pensaría de nosotros, pero seguro que nada bueno.

Me sentí impotente, yo quería decirle que el que le había dicho que podía subir cuando a mí me acababa de decir que iríamos solos era el conductor. Él era el mentiroso, el malo de la peli, no yo.

Pero nada, allí se me quedó clavada la mirada.

Sin saber lo que pasaba.

Me disponía a pagar el almuerzo de todos, me acerqué a la barra del restaurante. Había un anciano esperando con un billete en la mano. No llevaba casi nada de tiempo en la cola cuando uno de los camareros llamó al anciano, este dejó el sitio libre, y caminó hacia mis espaldas. Yo sin darle más importancia me acerqué y pagué.

Cuando tenía el cambio y me di la vuelta vi al camarero y al anciano discutiendo. No sabía muy bien qué pasaba, pero por los gestos creí entender que le regañaba por haberse puesto por delante mía en la fila para pagar. No lo entendía, algo como si hubiese que tratar al turista por encima de los demás.

Para variar no supe qué hacer. Me acerqué al anciano cuando el camarero se había ido, y no se me ocurrió otra cosa que hacer un gesto de “puede ir, disculpe”. El anciano me retiró la mirada e hizo un gesto con el brazo como de “déjalo”.

Me sentía como un capullo.

Con buenas intenciones.

Durante nuestro primer día en Fez un joven se nos acercó y nos fue hablando durante mucho rato. Se hizo guía espontáneo, como muchos otros antes. Nosotros le dijimos que no le íbamos a pagar nada, que no queríamos guía. Él siempre contestaba que no pasaba nada, “yo amigo, no guía”.

Llegamos al final de nuestro recorrido y nos pidió algo de dinero, nos daba un poco de pena porque había estado todo el rato cojeando un poco, pero le dijimos lo de “yo amigo, no guía”. Se fue enfadado.

Llegó la hora de la cena y salimos a comer algo. Yo era el que tenía hambre, pero mi hermano y su novia me acompañaban (tanto té ultra azucarado quita el hambre). Pedimos en un restaurante bastante cutre, con mesas en el exterior y mientras comentábamos el día se decidieron a pedir un plato cada uno.

Los platos resultaron ser enormes. Como dos platos de cualquier otro sitio en el que hubiésemos comido. Pensamos que tres platos eran demasiado y que era una pena desperdiciar uno.

Mirábamos a los turistas que acababan de llegar a la mesa de al lado para decirles que cogieran uno de los platos, cuando en ese momento vimos no muy lejos al joven “guía” de antes apoyado contra la pared.

Le llamamos y le preguntamos si había cenado. Dijo que no y le invitamos a cenar con nosotros. Le dijimos que habíamos pedido demasiado y toda la historia. No lo pensó mucho y dijo que no gracias, que no podía o algo que no entendimos.

Pensamos que era orgullo, si no le habíamos pagado antes, ahora no quería nuestra comida o algo por el estilo. Pero al rato volvió. Habló con el dueño del restaurante y dijo que gracias que lo comería, pero en la cocina.

Y en la cocina se lo comió. Nosotros sorprendidos.

Primera cagada en Marruecos.

En Tánger todas las calles de la medina estaban bastante sucias, así que nos llamó la atención aquel anciano que barría, con una deteriorada escoba, la puerta de su tienda de fruta. La pared era de un marrón anaranjado, tenía montones de mandarinas y plátanos en la entrada, él vestía una túnica también de un color afín… Necesitaba una foto.

Tomé una del exterior. Luego mi padre dijo de comprar alguna fruta. Mientras nos estaba sirviendo mandarinas se nos ocurrió la maravillosa idea de tomarle otra foto, claro que esta vez no había suficiente luz y saltó el flash.

Tras dejar de servir más mandarinas en el cuenco, se giró y se quedó callado, mirándonos, serio. Pensamos que no le había hecho mucha gracia la foto.

Dijimos lo típico de perdón, ¿le importa si le tomamos una foto? (un poco tarde, ¿no?) que lo sentíamos mucho y demás. Él no dijo nada y arrojó las mandarinas de nuevo a la cesta inicial con todas las demás. Sin decir nada más, nos marchamos.

Me sentía como el culo.

Escuchando: Music & Arts

26 Octubre, 2006

La suitte

Archivado en: Lo que une un día con otro — dajoropo @ 21:19

Desde que estoy inmerso en esta atareada vida de trabajo por la mañana, comida de fiambrera y proyecto fin de carrera por las tardes han ocurrido ciertos cambios en mí. Me cuesta menos caer dormido en cualquier sitio, la mayoría del tiempo que paso en carretera lo paso pensando como solucionar los atascos por el bien de la humanidad y cago a diario. Sin comer los cereales de la K roja ni los yogures de Coronado, así, natural.

Esto de ser regular tiene sus muchas ventajas, pero el hecho de que pase tanto tiempo fuera de casa hace que vaya dejando mí legado en muy diferentes baños, y que me lleva a la gran pregunta que hace poco hizo que un amigo se sorprendiese conmigo.

¿Pero tú te sientas en los retretes públicos?

Ahora piensa que todos te miran. Lo que piense la gente de ti dependerá del concepto que tengan de retrete público, y será complicado que este concepto sea algo bueno. Los hay horribles, asquerosísimos, donde ni siquiera haría aguas menores por miedo a que el aire del lugar me contagiase algo, pero hoy querría romper una flecha en honor de “la suitte”.

Cuando estudiamos para los exámenes en la biblioteca y alguno de nosotros dice que va al baño, es frecuente la pregunta de “¿Vas a la suitte?” Si la respuesta es que sí, tardaras un tiempo en volver.

La biblioteca de informática está en la segunda planta, en época de exámenes abarrotada, baños medio decentes. La tercera planta es para la hemeroteca, algo menos de personal, baños más pequeños pero más tranquilos y menos usados, y la cuarta sólo tiene salones para conferencias y unas salas para las asociaciones universitarias, es decir para nadie, y allí en la cuarta, amigos, allí en la cuarta se encuentra “la suitte”, el lugar donde cualquier mortal querría haber cagado alguna vez.

Puedes hacer aguas menores en cualquier parte, pero para temas serios, se acude a “la suitte”, somos un club selecto el que la usa, y no solemos contar esto a cualquiera, es por eso que sigue conservando su esencia, como Parque Jurásico o como la isla de Perdidos, en cuanto llegan los turistas se corrompe.

Ayer estaba en el laboratorio y no quedaba papel en ningún baño de esa planta, yo seguía siendo regular, así que tenía un problema. Aunque tenía bajar dos plantas para luego subir otras tres (¿rodeos en informática?) era una misión para “la suitte”.

Allí me fui, cogí el móvil y puse el periódico bajo el brazo, no sabía cuanto tiempo me podría llevar. Nadie sabía si nos encontrábamos ante un código 3, esas veces en las que pasas tanto tiempo en el retrete que se te duermen las piernas. Al llegar a la planta cuarta, una conserje sentada en la entrada leía un libro y me saludaba. No había nada abierto ni nadie en aquella planta a esa hora, ¿con qué excusa podría entrar allí? Creo que hasta medio sonrió.

Hace unos meses descubrimos que en la planta 5, donde literalmente no hay nada, y de hecho se supone que debe estar cerrada, hay un único baño, sin muñequito ni muñequita en la puerta. Aislado del mundo. La definición de intimidad hecha retrete. Lo único que supera a “la suitte”. Pero para mi, la suitte siempre será la suitte

“That’s one small step for a man, one gigant leap for mankind”

Neil Armstrong, antes de entrar en la suitte

Escuchando: Miki Nervio & The Bluesmakers con Ñaco Goñi - Ñaco’s shuffle

16 Octubre, 2006

Lunes

Archivado en: Lo que une un día con otro — dajoropo @ 21:15

Desde que además de estudiar trabajo me estoy dando cuenta de lo diferentes que pueden llegar a ser los lunes. Antes, durante el fin de semana casi siempre tenía que hacer algo para la universidad, digamos que continuaba con el chip de tienes que estudiar, o al menos sentía remordimientos si no lo hacía, no había tanto shock.

Ahora cuando llega el fin de semana desconecto totalmente, no recuerdo el trabajo para nada hasta que el lunes a las 7:35 de la mañana suena el despertador y las sábanas tratan de retenerte en un sueño que todavía puedes saborear con los labios, pero no lo hacen lo suficiente o tú te resistes demasiado, y al final, pues te levantas.

Después de este despertar tan inhumano, al ocurrirte algo negativo siempre le echas la culpa al pobre lunes, como si él hubiese querido estar ahí. Hoy por ejemplo al pasar con el coche cerca de una obra, no sé que ocurrió dentro, pero salpicaron cemento a la carretera, a mi coche, al interior de mi coche y por supuesto a mi, y claro, a pagarla el lunes, pobrecillo, como si tuviese algo que ver con que los obreros estaban torpes porque durante el fin de semana estuvieron de juerga… ahora que lo pienso los verdaderos culpables son el sábado y el domingo, permiten lo que permiten y luego el lunes a pagar las consecuencias de la torpeza del resacoso… pobre lunes.

La semana pasada, empujábamos un coche que se había quedado sin batería y al arrancar le dimos un golpe a otro coche que había aparcado, por supuesto era lunes. Antes al entrar en el cuarto de baño de la facultad el botón de mis vaqueros saltó por los aires gritando libertad, y yo miré como rodaba pensando en como aguantarme los pantalones el resto del día sin tener que enseñar demasiado los calzoncillos.

Pasan muchas cosas los lunes. Los atascos son más atascos los lunes, no hay más coches ni nada, simplemente es lunes. Al entrar en la oficina las caras son claramente de lunes, necesitan un tiempo para adaptarse otra vez a la habitación que las contiene, como los ojos cuando pasas de golpe de un lugar muy iluminado a un lugar oscuro, a un oscuro lunes.

Pero siguiendo esa reglilla que une cada día de la semana con un astro, esa que conceden al martes el dios de la guerra, al viernes la diosa Venus del amor o al sábado Saturno, dios de la agricultura, esa misma, le concede al lunes nada más ni nada menos que la Luna, regidora de mareas, creadora de los lunáticos, hombres lobo y noches de amor, sin duda mi favorita.

Lo siento Gardfield, pero habrá que perdonar de vez en cuando al pobre lunes…

Escuchando: La maqueta de Mónica y su amigo pianista

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