Érase una vez un sueño

28 Julio, 2008

El ejercicio de la mente

Archivado en: Reflexiones — Etiquetas:, , , , — dajoropo @ 2:17

Ahora que están de moda los Breintrainins, sudokus y similares para entrenar la mente, habría que hacer una pequeña aclaración para explicar, que como en todo, hay distintos tipos de entrenamientos para obtener distintos resultados. Si entrenas tus brazos no vas a correr más rápido, y es que la única función de nuestro cerebro no es calcular el cambio de una compra, aunque pueda ser muy útil.

Leí hace poco un texto que hablaba acerca del sueño de los ciegos. Si la mayoría de las personas sueñan con imágenes, ¿cómo sueña una persona ciega? Resulta que existen dos casos distintos: la persona que siempre fue ciega, y la que lo no nació ciega.

Cuando una persona nace ciega es lógico pensar que no puede soñar con imágenes, porque simplemente no puede pensar en ellas, nunca las ha visto. No puede imaginar el color verde, ni el rojo ni ningún otro. Los sueños en estos casos se basan en el resto de sentidos, que los videntes también usamos en los sueños, aunque probablemente como en la vida real, con menos sensibilidad que una persona ciega. De esta forma, si una persona ciega sueña que ha jugado al fútbol, soñará con el olor de la hierva, la humedad del campo, el sonido del balón… al igual que el resto de personas, sueña con un conjunto de los recuerdos diarios, de sensaciones vividas.

El caso de una persona que durante algún periodo de su vida pudo ver es más curioso. Esas personas siguen conservando la posibilidad de pensar en imágenes, de “ver” en la mente durante algún tiempo. Todavía poseen recuerdos de su sentido de la vista, y al poder pensar en ellos, estos pueden aparecer en los sueños. Conforme su periodo de “no visión” aumenta, estas personas van perdiendo estos recuerdos, y las imágenes se deterioran poco a poco, como si de viejas fotografías se tratase. A la vez que poético, tiene que ser una putada.

La media de tiempo para perder totalmente los recuerdos de imágenes suele estar en torno a los cinco años. A partir de esta fecha, los sueños y pensamientos serán como los de una persona que nació ciega. Pero (hay un pero y este es de los que me gustan), si la persona es lo suficientemente imaginativa y practica con frecuencia la “visión” de imágenes en la mente, puede que no pierda nunca esta habilidad. Cuando leí esto me emocioné, que queréis, hay gente a la que le emocionan las rebajas, a mí leer estas cosas.

Está claro, sueños y entrenamiento mental, es un cóctel que me encanta. Según esta afirmación, es posible entrenar a nuestra mente con los elementos que queremos usar para pensar. Puede parecer muy evidente, y tal vez lo sea, pero encierra un poder enorme. Y para hablar de él, otra historia.

Matthieu Ricard nació en Francia, bioquímico, llegó a ser miembro de la academia francesa Jean François Revel (que era su padre) y trabajó realizando estudios de genética celular en el Instituto Pasteur. Llegado al máximo punto de su carrera profesional se dio cuenta de que ese no era el rumbo que quería para su vida. Lo abandonó todo y se marchó al Himalaya, adoptó el celibato y la pobreza de los monjes budistas. Aprendió a leer tibetano antiguo y comenzó con una vida desde cero. Hoy es la mano derecha del Dalai Lama.

Hace algún tiempo un grupo de científicos realizó un estudio entre cientos de voluntarios para medir las sensaciones desde nuestro cerebro. Mediante sensores y resonancias magnéticas, observando qué partes de nuestro celebro entraban en actividad se descubrían diferentes sensaciones: estrés, frustración, felicidad…

En base a las previsiones de los científicos, la felicidad podía medirse por un valor entre -0.3 (el más feliz) y 0.3 (el menos feliz). Matthieu Ricard obtuvo -0.45 al registrar una actividad inusual en la corteza izquierda del cerebro, donde residen las sensaciones placenteras. A causa de esto ha sido declarado como el hombre más feliz del planeta. Parece mejor título que el de Ingeniero en Informática, pero seguro que él no sabe programar en Java.

En muchos de sus libros se habla del entrenamiento de la mente para alcanzar la felicidad. Si todos los días estamos pensando en cosas negativas, cosas que no nos aportan nada, u odiando a otras personas, la parte de nuestro cerebro por decir de algún modo “encargada” de nuestra “infelicidad”, estará muy bien entrenada. Si por lo contrario trabajamos la felicidad día a día, la parte de nuestro cerebro encargada de ella estará entrenada y no nos asfixiaremos al intentar correr la carrera de la felicidad. Lo siento, a estas horas me pongo un poco pasteloso.

No digo que hay que lanzarse al Himalaya ni mucho menos (no sé si habéis leído bien lo del celibato, eso cierra muchas puertas), pero la idea de que podemos no olvidar sensaciones a fuerza de ejercitar nuestra mente, trabajar la actitud con la que afrontamos las cosas, decidir en cierta forma cómo sentirnos y cómo ser, a mí me da una sensación de libertad y poder tremenda.

Escuchando: Jamie Cullum – Live at Blenheim Palace

24 Abril, 2008

Belleza

Archivado en: Fotografía, Reflexiones — dajoropo @ 18:07

Después del concierto de Maui lo tengo más claro que nunca. La belleza es una cuestión de actitud. No cobro por la frase, y quien opine lo contrario, que me espere a la salida.

Y de regalo el cielo de Marruecos…

Pues nada, a sentirse bell@s tod@s

Escuchando: Aaron - U-turn (Lili)

28 Marzo, 2008

Ser especial

Archivado en: Reflexiones — dajoropo @ 13:27

Todo el mundo quiere de algún modo ser especial. Si no para toda la humanidad, al menos para alguien en concreto. Ser especial o diferente para alguien es lo mismo que importarle a ese alguien. No es nada malo querer serlo, es natural querer importar a la gente que te importa, y por qué no, importar a la gente que no te importa. De algún modo buscamos crear nuestra singularidad, nuestra forma única y exclusiva de ser y de vivir.

Siempre están las tribus sociales y urbanas. La sensación de protección que proporciona pertenecer a un grupo, o a un colectivo que te represente (aunque uno quiera ser una persona independiente, ya puede entrar dentro del grupo de las personas independientes…). Todo esto forma parte básica del ser humano, el huir de la separatidad (sensación de separación). Pero aún así, dentro de este grupo querremos ser algo singular, algo único.

La singularidad se puede buscar de muchas formas, y una de ellas es no vivir donde has nacido. Tan simple, pero real. El simple acto de ir a vivir a otro sitio, te confiere por encima del resto de habitantes autóctonos bastantes puntos en este marcador de singularidad del que estamos hablando.

Si eres de otro sitio, ante todo te estas enfrentando a un ambiente diferente, puede que a una cultura distinta, en definitiva, a una forma de vivir, que no tiene por qué ser parecida a la tuya. Un idioma distinto, cultura distinta, vivir a gran distancia de la gente que quieres en tu lugar de origen… Un sin fin de razones para ser singular en tu entorno.

Lo he notado a lo largo de los intercambios que he vivido. En tu ciudad natal eres una persona más que ha nacido y crecido con el resto, serás lo singular que hayas conseguido ser, serás lo normal que hayas querido ser, pero como todos los demás, eres de allí, y siempre lo has sido. Y puede que eso no te guste.

No digo que esto sea necesario, ni que todo el mundo se vaya a vivir fuera por esto, y sobre todo me refiero a estancias en el extranjero, que es donde más se nota este efecto. No es lo mismo uno de Cádiz en Santiago de Compostela (que ya tiene lo suyo) que un médico judío de Nueva York en Alaska.

Pero pensando un poco creo que cuando uno viaja a otro sitio a vivir, tal vez esté en el fondo (aunque sólo sea un poco) buscando ser más especial de lo que lo es en el lugar que lleva viviendo toda su vida, el que lo ha visto nacer, crecer, y convertirse en lo que es.

Escuchando: Morcheeba - Antidote

3 Febrero, 2008

Dormir soñando

Archivado en: Reflexiones — Etiquetas:, , — dajoropo @ 12:00

Y durante tanto tiempo soñó que dormía con ella que cuando al fin durmieron juntos, no supo qué soñar.

22 Enero, 2008

Freedom

Archivado en: Fotografía, Reflexiones — dajoropo @ 17:23

“A veces para poder escuchar hay que tener los ojos bien abiertos”

14 Enero, 2008

Veinticinco y una fondue

Archivado en: Reflexiones — Etiquetas:, , , , , — dajoropo @ 23:56

Y parece que fue ayer cuando estaba yo cumpliendo años en Finlandia, y con ello por primera vez fuera de España. Hace ya cuatro años de eso y ahora me encuentro en una habitación de hotel en Ginebra, Suiza, en algo que se parece al barro rojo de Ámsterdam a excepción de que las señoritas llevan paraguas. Es que hoy llueve.

Empecé haciendo un resumen de los últimos cumpleaños, intentando acordarme de qué estaba haciendo hace uno, dos, tres, cuatro, y hasta cinco años. Más allá todo se difumina y no consigo distinguir apenas ningún cumpleaños, excepto uno en el que la tarta tenía forma de barco. La edad, no importa, la tarta estaba buena.

Ya que me ha tocado un día un tanto feo en Ginebra, que aquí todo cierra pronto y que he venido solito en este viaje, me decidí a ir a comer algo nuevo y muy suizo, o al menos algo de las zonas colindantes y me dirigí al bar restaurante recomendado por mi contacto en Suiza.

Dado que pagaba la empresa y que tenía hambre, allí que me pedí una ‘fondue al pesto’. Toda ella para mí. Medio litro de cerveza y una bola de helado de chocolate acompañaban el encargo de cumpleaños del que me sentía orgulloso por haberlo hecho en francés. De los montes de Málaga, pero en francés. Mi marcador de ciudadano del mundo ganaba puntos.

Mientras esperaba la comida pensé en que quería escribir algo aquí, que está el chiringuito algo abandonado desde que estoy en Madrid. Pensaba en escribir sobre la separatidad (sensación de separación) del ser humano de la que he estado leyendo hace poco. Único gran problema al que nos enfrentamos en la vida, y ponerme en plan profundo a divagar de esto, aquello y de lo otro. Mi marcador intelectual podía sumar unos puntos.

Pero el desarrollo de la cena, alteró mis planes, y es que no sabía cómo comer una fondue. Primero vino la cerveza a la mesa, luego un plato con pan y otro platito con un delgado y largo tenedorcito. Tras esto llegó una especie de hornilla con una llama azul. Por ahora todo bien, lo único comestible era el pan, así que no existían demasiadas posibilidades de error. Tras esto el camarero colocó una cacerola sobre el fuego, con un líquido hirviente, burbujeante, palpitante. Se aproximaba la hora de comer, pero aún no sabía cómo.

El camarero dejó de pasar, y de traer cosas nuevas. Yo me entretenía mirando los mensajitos de feliz cumpleaños (muchas gracias de paso) y el tiempo pasaba. Yo intentaba actuar con normalidad, como alguien que sabe lo que hace, con esa cara que tiene siempre Sean Conery, y seguí esperando con aires de normalidad.

Ya se había evaporado un tercio de la cacerola cuando el camarero me preguntó si algo iba mal. Y ese fue el momento señores y señoritas. En ese mismo instante me empequeñecí cuanto pude y dejé de intentar aparentar ser un 007, pensé que seguía siendo el catetillo que siempre he sido y en ese momento dije, en inglés para intentar ampararme en mi condición de extranjero, “es que no sé como se come”. La frase tiene miga.

Tras una demostración práctica sin necesidad de palabras, pude empezar a comer, y darme cuenta de que si hubiese preguntado antes en vez de hacerme el listo, ahora tendría un tercio de fondue más. Mi marcador de estúpido ascendía hasta límites insospechados.

Ahora tan sólo tenéis que imaginar a un pobre payaso en suiza comiéndose una fondue mientras se ríe sólo. Así será fácil recordar este cumpleaños, será el cumpleaños de la fondue, o el de “si no sabes, pregunta hijo”. Que diría mi tan sabía madre.

Existen muchas formas de desnudarse. Quitarse la ropa es tan sólo una de ellas.

28 Noviembre, 2007

Opciones

Archivado en: General, Reflexiones — dajoropo @ 17:06

“La vida te da siempre dos opciones: la cómoda y la difícil. Cuando dudes elige siempre la difícil, porque así siempre podrás estar seguro de que no ha sido la comodidad la que ha elegido por ti”

Adolfo Suárez

24 Noviembre, 2007

Como mantequilla untada sobre demasiado pan

Archivado en: Reflexiones — dajoropo @ 18:26

Ando dándole vueltas al por qué de los viajes y estas experiencias a las cuales parezco adicto. Una de las ventajas que tienen es que siempre podrás hablar de tu vida en función de periodos de tiempo comprendidos entre los intercambios, son como separadores de libros, pero con la vida de uno, por ahora llevo tres: Finlandia, México y ahora París. Es útil para ejercitar la memoria y daré mucho por culo con mis historias cuando sea pensionista, si es que no lo hago ya. Pero que quieren, pertenezco a la generación que no hizo el servicio militar, algo tendré que contar.

Por supuesto, están los alicientes de viajar, ver sitios nuevos, idiomas nuevos, gente de otros lugares y culturas, la independencia y del que toca hablar hoy, el aislamiento o la burbuja. No es que uno viaje en plan ermitaño como el probe migué, pero cuando uno se quita de encima todo lo que le rodea en el día a día de golpe, se empieza a dar cuenta de que ciertas cosas, sobraban.

Uno de los principales elementos es la televisión y su maravilla programación, pero hay muchos más y más interesantes, como partes de la personalidad de uno, que afectan una barbaridad al día a día. Sé que no es necesario irse a miles de kilómetros de distancia para darse cuenta de estas cosas, pero cómo es típico decir, a veces los árboles no te dejan ver el bosque.

Siempre he pensado que “El Señor de los Anillos” es una historia sobre los viajes y sobre como estos cambian a las personas. Los orcos y demás bichos son un añadido para atraer al público infantil y justificar el gasto en producción.

Bilbo emprende un viaje en “El Hobbit”, y tras esto no quiere quedarse en La Comarca. Frodo también viaja, esta vez a través de toda la Tierra Media, y finalmente tampoco se queda en La Comarca. El viaje los ha cambiado, ya no son los de antes.

No quiero decir que me quiera ir de aquí para toda la vida (aunque ya tengo pensada alguna que otra beca más para la lista), pero creo que ahora toca salir. Así que en cuanto tenga trabajo comenzaré a escribir desde otro nuevo sitio. C’est la vie.

“Quiero volver a ver Montañas. […] Me siento frágil, disperso como mantequilla untada sobre demasiado pan”
Bilbo Bolsón a Gandalf – SdlA I, La comunidad del anillo

25 Mayo, 2007

Pregunta trascendental

Archivado en: Reflexiones — dajoropo @ 13:47

¿Por qué no estornudamos mientras dormimos?

10 Mayo, 2007

Sobre las reacciones

Archivado en: Reflexiones — dajoropo @ 18:54

“A quien no espera nada todo le parece un regalo”

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