Érase una vez un sueño

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Il était une fois un réve

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Pues érase una vez que se era, un joven informático malagueño (de pueblo, pero malagueño) que había ido a estudiar francés a París, y por supuesto más que nada a divertirse. Resultó que en el país galo había un presidente que quería llevar a cabo una reforma sobre la cantidad de años que tiene que trabajar el personal ferroviario. Resultó que al personal ferroviario no le gustaba la idea, y aún peor, los sindicatos dijeron que esta reforma era el principio de un gran numero de reformas (según los sindicatos, todas abominables) que vendrían tras esta. Todos se unieron para frenarla y la gente comenzó a comparar al presidente con Napoleón, el cual seguía tranquilo en su tumba (7,5€ la entrada, 5,5€ estudiantes) en Les Invalides. El presidente no cedía, y dijo que llevaría las reformas a cabo, pues estaban en el programa electoral, por el que fue elegido. Pese a que todos hablaban en francés, allí nadie se entendía.

Aunque nuestro personajillo solía vivir ajeno a todas estas disputas, y cuando había huelga de transportes (el mes anterior había vivido una similar), simplemente se quedaba en casa tocando la guitarra y soñando despierto, esta vez se encontraba ante un posible problema. Habían convocado huelga para el 13 de Noviembre a partir de las 20:00 sin establecer su final y nuestro personajillo tenia un asiento esperándole en un avión con fecha 15 de Noviembre con destino a Madrid para después coger otro con destino a Málaga. Y mientras se escribe esta historia, ninguna de las lineas que van al aeropuerto están funcionando, y los diarios hablan de 300 Km de retenciones en París.

¿Cómo estará la situación mañana? ¿Conseguirá nuestro personajillo llegar a tiempo a su vuelo? ¿Quedará atrapado en París? ¿Podrá comer por fin un buen puchero de garbanzos? ¿Dejarán de llamar a París la ciudad de la luz para llamarla la ciudad de las huelgas?

Written by dajoropo

14 noviembre, 2007 at 14:00

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Llegada a Paris

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Pues la verdad es que no he sido consciente de que estaba en Paris hasta que he llegado. Parece una tonteria, pero tal vez lo sea. Ruben me recogio ayer en el aeropuerto y ya estoy instalado en su mini piso, pero que para mi gusto esta muy apañao (he tenido que mirar la tabla ASCII para poner esa ‘ñ’, espero que la sepais apreciar). Despues fuimos a comer sushi a un japones muy chulo. Si alguien me pregunta ahora mismo por la comida francesa, dire que se basa en el pescado crudo, salsa picante y que se come con palillos.

La verdad es que Ruben tiene en mente un monton de cosas, viajes y noches de poker. Esta noche vamos a comer a un restaurante donde los camareros son ciegos y las luces estan apagadas. Veremos si no le meto el tenedor a nadie en el ojo. Hay un plato sorpresa que puede ser cualquier cosa a adivinar (puedes decirles una lista de alimentos que no quieres antes, no vaya a ser que te de un ataque alergico in situ), y para ir al baño tienes que llamar al camarero para que te lleve de la manita. En el servicio hay luz, no hace falta que te aguanten la colita. Y el sabado vamos a una fiesta de cumpleaños a la Bretagne, llevare mi diccionario aunque no se hasta que copa sere capaz de leerlo…

Por si no lo habeis notado, escribo desde un pinche teclado franchute, asi que no vereis una tilde en un tiempo, y la verdad es que me cansa escribir aqui: la ‘a’ esta donde la ‘q’, la ‘z’ donde la ‘w’, y un sin fin de cambios de teclas mas que me hacen retroceder cada tres palabras escritas. Tambien me acabo de dar cuenta de que olvide el cable de la camara, asi que a ver como pongo fotos. Creo que casi mejor me pongo a hacer señales de humo…

Y el lunes comienzo las clases, a ver que tal. Tengo miedo de que me pongan en un nivel demasiado avanzado, bueno, para que engañarnos, tengo miedo de cualquier nivel que exija saber algo mas que ‘bonjour’ e insultos. Aunque siempre podre poner cara de pena o llevar una tortilla de patatas a clase. Ya os contare si ha funcionado.

Written by dajoropo

28 septiembre, 2007 at 13:39

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Holanda

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El Comodoro Ferld nos acogió una vez más en una de sus nuevas aventuras en el extranjero. Llegábamos en tres tiempos, teníamos alojamiento en La Haya y muchas cosas que hacer en Ámsterdam. La cosa prometía.

Comenzamos con pastelitos mágicos y con fiesta en casa del anfitrión. Luego vinieron visitas al museo de Heineken (único museo visitado…), viajes en esas bicicletas para dos personas tan molonas que siempre has pensado en si existen de verdad y consiguientes caídas con ellas.

Descarga masiva de canciones chungas que formaron la banda sonora del viaje y estupefacción ante un robo de bici. Se cree que Big Daddy movió los hilos aunque sabemos que es intocable. También se descubrió la cantidad de idiomas en los que está cantado el Hakuna Matata y ahora Bibi es nuestra nueva musa.

Calor, lago nudista y playa allí donde esperábamos llevar siempre abrigo. Búsqueda de prendas de color naranja para el tan esperado día de la reina y curiosidad ante barrios de cierto color rojizo donde hay escaparates con simpáticas señoritas, donde las luces de neón son una constante.

Ya hablaremos de los mágicos champiñones, pero tras esto ya nunca veré el color naranja de la misma forma.

“I’m a chungo boy, in a chungo world…”

Written by dajoropo

5 mayo, 2007 at 20:41

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Marruecos. Fez y Azrou

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La segunda parte del viaje continuó con un trayecto en autobús, dónde unos portamaletas nos amenazaron (bastante agresivos) por no querer pagarles por haber subido nuestro equipaje arriba (pedían la mitad del precio del billete de un viaje de 5 horas por subir cada maleta). Al final la cosa no estuvo tan fea y le dimos un poco cada uno (aún así, más de lo que merecían, claro).

Tras este incidente y dado que en el autobús no había demasiado espacio para las piernas (5 horas con una parada de 30 minutos), al llegar a Fez estábamos bastante desorientados. Tanto que seguimos a un “hotelero” que nos hizo el gato con unas habitaciones (las más baratas que he pagado en mi vida, he de decir, menos de 4€) donde dormimos una noche. De la que salimos escarmentados, la noche siguiente la pasamos en el albergue juvenil.

Fez tiene una de las mayores medinas, más de 300 calles con más de 300 mezquitas, nadie puede poner excusas por no rezar. La calle principal es largísima y está llena de comercios, hasta arriba de productos, donde empiezas a preguntarte ¿Realmente todo el mundo vive aquí del comercio? ¿Se puede necesitar comprar tantas cosas?

Cruzando esta calle es normal tener que apartarse a un lado cuando algún burro sube a toda prisa cargado de productos, a veces casi te atropellan. Escuchar los rezos desde las múltiples mezquitas mientras la gente camina de un lado para otro. Es una pequeña locura dónde también se venden alimentos con una higiene que deja bastante que desear.

Para mí lo más impactante de la medina fueron los talleres. Los lugares donde trabajan el cuero, donde lo pintan, donde tejen las mantas y alfombras. Si te interesa saber como serían durante la Edad Media no tienes que imaginar mucho, casi no han cambiado.

Algunos trabajan en cuartos sin ventanas ni ventilación, otros meten casi el cuerpo entero en tinajas llenas de algún producto nada recomendable (si algo le quita el color y el agua al cuero, no creo que sea bueno para tus piernas…). En fin, una impresión, que le hace a uno preguntarse muchas cosas.

La parte nueva de la ciudad no tiene nada que ver con la medina. Grandes avenidas, coches en lugar de burros, vestimentas mucho más europeas, McDonald’s… en fin lo que nosotros llamamos modernidad, incluso había oficina de turismo.

En Fez me di cuenta de una de las grandes diferencias de este viaje. Estoy acostumbrado a entrar en monumentos, museos, catedrales y demás puntos típicos para un turista. En Marruecos esto no es así.

Dado que los “infieles” no musulmanes no podemos entrar en sus lugares sagrados (casi cualquier lugar que te interese) y que los pocos sitios que podíamos visitar los dejamos por cuestiones de horarios, pues casi todo el tiempo era pasear por las calles y observar. Contratar un guía oficial es muy recomendable, dado que te explica las historias de las diferentes calles y te lleva por lugares en los que tal vez no te atreverías a entrar solo y hace que el paseo no se vuelva repetitivo.

Desde Fez salimos hasta Azrou, un pueblo de montaña que está bastante bien situado para visitar un gran bosque de cedros (con monos y jabalíes incluidos), lagos, cuevas y demás maravillas naturales. Este pueblo también fue de lo mejor del viaje, la gente es más amable y no están intentando venderte algo a cada instante, o tal vez esa sea una opinión influenciada porque antes habíamos estado en Fez…

Tras dos días más relajados en Azrou, tomamos rumbo hacía Fez de nuevo en autobús y luego un par de trenes hasta Tánger, taxi, ferry, buscar mi coche que seguía intacto junto al puerto y vuelta al hogar.

“Adiós mundo cruel,
me voy a Marruecos
para nunca volver,
colgar el batín,
cambiar bisturí
por chilaba y cachimba.”
M-Clan – Chilaba y cachimba

Written by dajoropo

19 diciembre, 2006 at 22:06

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Marruecos. Cruzando el estrecho hasta el pueblecito azul

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Pues niños y niñas, como ya sabreis, mi última aventurilla ha sido la vecina Marruecos. Tenía algo de miedo antes de ir, pero he de decir que hemos vuelto todos los integrantes del viaje un poco menos sanos pero a salvo.

Antes de ir, Clara que es mi referencia en cultura marroquí, me dijo que el primer día se pasaba algo mal, pero que luego todo iba bien. Cuanta razón tenía.

Llegamos a Tánger más de dos horas tarde de lo esperado. Habíamos perdido el primer ferry de la mañana y este había tenido que ir más lento por el estado de la mar. Hubo vómitos, gente mareada por los suelos, el restaurante del barco hecho un desastre con cantidad de productos por los suelos. En conjunto, algo así como Titanic pero en cutre y con café a uno cincuenta.

Con Tánger llegaron los choques culturales, los guías espontáneos que luego te piden 15€ (que no pagamos para su enfado), los baños sin agua caliente, las calles sucias y un sin fin de personas intentando venderte algo.

Después de que el “guía” nos llevara a una tienda de un amigo suyo para ver la ciudad desde la azotea y tomar un güisqui marroquí (té verde con menta). Su amigo empezó a ofrecernos montones de mantas y alfombras, que no queríamos comprar, pero eran tantas las ganas de vendernos algo que tenían, que más o menos media hora después salimos de allí (sin haber comprado nada) habiendo dejado a unos cuantos marroquíes molestos y con ganas de ir al hotel descansar. Aquí acababa el primer día, en el que lo pasas mal.

Yo estaba acostumbrado a regatear en México, pero incluso allí las cosas tenían sus límites (o eso creía yo), podías regatear el precio de un taxi o algún souvenir, pero no mucho más. En Marruecos hemos regateado el precio de taxis, las habitaciones de hotel, los platos del menú de un restaurante, los guías oficiales, la entrada a un cementerio…

El segundo día, de Tánger a Chaouen nos llevó un taxista de unos 70 años que había trabajado un tiempo en Alemania que reía y contaba muchas historias. Por supuesto conducía con el estilo marroquí.

Hubo un momento en carretera de doble sentido en que yo, simplemente consideré que tardaba demasiado en volver a su carril y que el coche del carril contrario había pasado demasiado cerca, vamos que casi nos chocamos y que me cagué vivo. Él, tranquilo, contestó que era profesor de conducción y después esnifó una especie de tabaco en polvo que se vende allí. Pintoresco.

Chaouen es precioso. Recuerda un poco a Andalucía, y la medina es completamente blanca y azul. Repleta de las típicas calles estrechísimas de Marruecos, se respira mucha tranquilidad, aunque como es bastante turístico, siguen existiendo todavía algunas personas que quieren ser tu guía o venderte cosas, pero comparado con Tánger no es nada.

Tras Chaouen nos dirigimos a Fez, una de las ciudades imperiales y que se considera la ciudad con la medina mejor conservada, pero como el escrito me está quedando algo largo, y ya sois merecedores de mi gratitud por llegar hasta esta línea, paro aquí.

“Donde haya un marroquí, habrá una tienda”

Written by dajoropo

16 diciembre, 2006 at 15:24

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Fin de semana en Bilbao

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-He visto la exposición de arte ruso y el homenaje a Chillida en el Guggenheim.
-Hemos esperado al lado de un perro de unos 10 metros al que le cambiaban las flores.
-Hemos comido helado con chocolate fundido.
-Hemos ido a una noche de actividades brasileñas, caipirinha y bossa nova :)
-Me he quedado atrapado dentro de casa de mi hermano.
-He desmontado la cerradura de la casa de mi hermano con un cuchillo de mantequilla.
-La volví a montar y había dos piezas que sobraban.
-Hemos subido una montaña.
-Hemos tomado fotos en la cima de una montaña.
-Hemos bajado una montaña.
-Hemos ido a la playa, jugado al volei y a las paletas de playa vascas.
-Me he mojado los pies en el cantábrico.
-He tocado la guitarra de un desconocido (para mi).
-Hemos comido pintxos y bebido potes de kalimotxo.
-Hemos ido a una disco que normalmente es un teatro.
-Me han gritado “Viva la madre que te parió” por la calle.
-Hemos participado en un rally en bicicleta echando fotos.
-Me he caído de la bici por echar una foto en marcha.
-Hemos subido con bicis en un funicular.
-He comido bacalao.
-Me he colado en el metro, sin querer :)
-Hemos ido a una playa verde con rocas.
-He vuelto a conocer a mi hermano.

Written by dajoropo

15 mayo, 2006 at 20:51

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Diccionario, 3ª entrega

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Se aproxima la hora de comer y ves un restaurante que te parece bastante típico, pero te incomoda un poco eso de “comida corrida” en la entrada. Aún así entras y pides la carta. Sobre la mesa hay unas cuantas salsas, cada una de un color más chillón que el anterior, en ese momento recuerdas que las ranas con colores más vistosos son las más venenosas, y sin querer hacer ninguna comparación al respecto empiezas a preguntar a la mesera el significado de cada plato, algo especialmente importante en Oaxaca donde algunos nombres de lo más inofensivo esconden un plato lleno de insectos. Tras un montón de explicaciones de las que solo recuerdas la palabra frijol, te atreves a pedir algo. No sabes muy bien que es lo que has pedido, pero esta claro que lo primero que te traen a la mesa, es un buen montón de tortillas…

Diccionario mexicano – español, 3ª entrega, especial gastronómico

P. S: He tenido que recurrir a mi guía de viaje y a internet, así que espero que sea tan verosimil como los anteriores.

Written by dajoropo

1 febrero, 2006 at 17:56

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