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Indifference
The opposite of love is not hate, it’s indifference.
The opposite of art is not ugliness, it’s indifference.
The opposite of faith is not heresy, it’s indifference.
And the opposite of life is not death, it’s indifference.
La definición del amor
Una de las definiciones del amor menos románticas que conozco, pero quizá más verdaderas es la de Bernard Shaw, que dice que “el amor es una tremenda exageración de la diferencia que existe entre una persona y todas las demás”.
No se puede expresar con más justeza la esencia de ese fantasioso sentimiento que nos nubla la vista y los sentidos hasta el punto de hacernos creer que la persona amada posee cualidades extraordinarias que la distinguen de las demás personas, como si fuera casi divina.
El inevitable fracaso del amor radica en que es un espejismo y, como todos los espejismos, acaba por desvanecerse. Un día descubrimos que aquella persona que creíamos especial, distinta a todas, es como todas, que no hay apenas diferencia entre ella y las otras.
El hechizo del amor desaparece con la convivencia dejándonos frente a un ser que se va desinflando poco a poco. Porque era mentira esa tremenda exageración de la diferencia que existía entre él y todos los demás.
Todos somos aproximadamente iguales.
Todos estamos llenos de egoísmo, de prejuicios, de contradicciones, de celos, de temores.
Todos queremos dominar, imponer nuestros criterios, marcar las reglas del juego.Y eso se descubre siempre después, cuando ya es tarde, cuando la fantasía del amor choca contra la cruda realidad y nos encontramos de pronto ante un extraño, cuando no durmiendo con nuestro enemigo o nuestra enemiga.
Editorial de Jesús Quintero. El Loco de la Colina 14 de Febrero de 2005.
Dormir soñando
Y durante tanto tiempo soñó que dormía con ella que cuando al fin durmieron juntos, no supo qué soñar.
El olor dolor
Nasus tenía una habilidad interesante que le hacía un tanto diferente de los demás, y es que nunca olvidaba un olor. Disponía de un olfato extraordinario, que le permitía saber quien había estado antes en la habitación, o averiguar al instante qué cocinaba la señora del quinto.
Pero no todo eran ventajas para Nasus, ademas de recordar con mas fuerza que el resto de la gente los olores, también le afectaban más a su estado de ánimo. Por ejemplo tenía un gran problema con el olor a violetas. Cuando niño vivía enamorado de su vecina Sofía. Nunca se atrevía a decirle nada, hasta que un día se decidió a declararse por fin. Él se acercó a un campo de violetas a recoger unas cuantas y así preparar un ramo para su amada. Fue a esperarla a la puerta de su casa, pero cuando ella llegó, se encontró con que andaba de la mano de otro chico. La sensación fue horrible, y quedó a partir de entonces ligada al olor de las violetas.
Como este, muchos otros sentimientos se iban acumulando en su memoria olfativa, y Nasus empezó a preocuparse por su “habilidad”, así que acudió a un doctor para intentar comprender más su problema.
“Nuestro sentido del olfato es unas 10.000 veces más sensible que cualquier otro de nuestros sentidos” – comenzó diciendo el doctor – “ya que el resto de sentidos tienen que viajar por el cuerpo y la espina dorsal antes de llegar al cerebro, mientras que el olfato accede directamente. Las neuronas receptoras del olfato envían la información a los bulbos olfativos, que se encuentran detrás de la nariz, los cuales poseen receptores sensoriales que, en realidad, son parte del cerebro. Una vez en el cerebro, el mensaje se envía a la neo corteza donde se modifican los pensamientos conscientes y también a los centros mas primitivos del cerebro donde se estimulan las emociones y memorias, las llamadas estructuras del sistema límbico.”
El sistema límbico, ese era su problema, parecía que el suyo era demasiado sensible, y nunca olvidaba. Allí se habían incrustado todos los recuerdos amargos, entre ellos el que venía con el olor a violetas. El doctor no pudo hacer nada por él, así que Nasus intentó evitar todos los olores que le recordaran algún momento doloroso del pasado. Los llamaba olor-dolor.
Durante un tiempo Nasus consiguió sortear una gran cantidad de recuerdos negativos, pero cada vez era mas complicado. Si tenia una fuerte discusión en una habitación, se creaba un nuevo olor-dolor y tenía que cambiar el ambientador que usaba en ella, al menos durante un tiempo. Incluso tuvo que pedir a las limpiadoras del edificio que cambiasen de lejía a la hora de fregar el suelo, porque no podía evitar recordar el día en que su gato cayó por el hueco de la escalera desde el séptimo piso.
Pero todo esto no parecía nada en comparación con el esfuerzo que tenia que hacer con las mujeres. Cada vez que una le dejaba, cada vez que una relación acababa, tenia que cambiarlo todo. Cualquier olor de la casa le recordaba los momentos felices que había vivido, así que cambiaba de detergente, de ambientador, de plantas y sobre todo de champú.
“Malditos champús unisex” solía repetirse. Si había algo que no soportaba, era usar la misma marca de champú que había utilizado alguna de sus ex, le obligaba a llevar continuamente su olor con él. Como si estuviera constantemente a su lado, pero claro, sin estar. Así que buscar un nuevo champú fue convirtiéndose poco a poco en un ritual, o más bien una tradición cada vez que acababa una relación.
Pasaron los años y Nasus cayó dentro de una profunda crisis. Salía con un chica, pero realmente no la quería. Cada día cuando se levantaba se forzaba a seguir con ella, y eso hacia que a veces ni la soportara. Cada día iba a peor. Pero Nasus no quería dejarla bajo ningún concepto porque temía afrontar el futuro si la dejaba. Y es que ya había probado todas las marcas de champú que conocía.
Arrancar la vida de las fauces de la muerte
Bueno, es la primera foto hecha con una reflex que retoco, a ver como sigue el nuevo hobby.
- El sexo debería ser salvaje.
- ¿Salvaje?
- Sin reglas, y libre. Somos animales ¿no? Al final, básicamente, todos somos lobos con piel de cordero. Siempre quería más…
- ¿Más?
- Si… No la frecuencia, no me refiero a la frecuencia, aunque también sería estupendo, pero… yo quiero más intensidad. Quiero poder salir de mi, fuera de mi piel. Quería que el sexo fuera como arrancar la vida de las fauces de la muerte.
- Wow
- ¿Está bien?
- ¿Por qué?
- Estamos a bajo cero y está empezando a sudar.
Diálogo entre Joel Fleischman y Maggie O’Connell
Doctor en Alaska (Temporada 2, episodio 1)
La insoportable levedad del ser
“[…]
‘Einmal ist keinmal’, repite Tomás para sí el proverbio alemán. Lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto.”
El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores.
¿Es mejor estar con Teresa o quedarse solo?
No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni siquiera boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro.
Milan Kundera, La insoportable levedad del ser
Azul. Cierra y abre ciclos.
A veces me gusta mucho pensar en por qué ocurren las cosas. Ir tirando de los acontecimientos que me llevan desde la situación actual hacia el pasado. Ver qué acciones la originaron y así creer que puedo entender un poco mejor como he llegado hasta aquí. Y al final ver que no controlo casi nada.
El 10 de enero de 1993 se estrenó Azul, dirigida por Krzysztof Kieślowski. Sí, yo tampoco sé como pronunciar el nombre de este hombre, pero sé decir gracias, cómo estas, bien y cariño en polaco (Ah! Migue, también sé decir Marta en polaco
.
Esta película daría comienzo a la trilogía conocida como “Tres colores” (Azul, Blanco y Rojo), cada uno de ellos uno de los pertenecientes a la bandera francesa, y cada una de las películas representando el significado de los colores: azul libertad, blanco igualdad y rojo fraternidad.

Cuando yo era pequeño, mi hermano mayor tenía esta película grabada, y recuerdo un día en el que la rebobinaba una y otra vez para poder copiar de los subtítulos la letra del coro del principal tema musical de la película. Cosas de los soportes magnéticos.
Resulta que ese coro está extraído de la Primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios. Tiempo después dimos este texto en clase de religión (Tras cambiar de profesor, el anterior sólo recuerdo que nos tiraba de las orejas de vez en cuando). Mi hermano me pidió que le preguntara a la profesora si se podía encontrar el texto en su idioma original y resultó que la profesora no tenía ni idea del asunto, pero me sonrió.
Pasó el tiempo y el año pasado, en el programa de Quintero, se leyó un fragmento de la carta a los Corintios. Recordé la película, que no había llegado a ver, y la añadí a la lista de pendientes. Impulsos que tiene uno.
Hace unos meses me robaron la antena del coche. Ahora sólo se oyen las emisoras más famosillas y, bien aconsejado, recurrí a las cintas de casete (Cintas que desde hace tanto tiempo guardaba y a punto había estado de tirar varias veces) para poder poner algo de música cuando sufría los ataques de la radio. Sus ataques consisten en ponerte las mismas canciones día tras día a la misma hora hasta que eres un zombi a su servicio y llevas tu coche a CarGlass y pagas la cuota de Legalitas.
Hace un mes me dan una hermosa baja (Gracias Karma) y me pongo a ver películas como un loco. Veo unas dos diarias, a veces creo que es enfermizo, pero aquí estamos. Ayer vi Azul. No es que haya cambiado mi vida, pero me gustó mucho y me he enamorado de Juliette Binoche.
Ayer por la noche, después de ver la película, de entre las cintas viejas que tengo en el coche, salió una que grabé hace años. La cinta tiene muchas canciones de bandas sonoras de películas, y entre ellas la canción de Azul, la canción del coro: Song for the Unification of Europe.
Y toda esta historia, para terminar poniéndoos aquí el texto que recogí cuando Quintero mencionó la carta en su programa y que me hace ahora poner en la lista de pendientes a Blanco y a Rojo. Disfruten, y recuerden niños, los ciclos nunca duermen.
Fragmento de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintos.
“[…] Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.
Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.
Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.
El amor no pasa nunca.”
Juan sin olvido
Era el día de su cumpleaños y Juan estaba a punto de soplar las velas. Es cierto que no era muy dado a creer en ese tipo de tradiciones, pero ¿por qué no? En ese mismo instante decidió que este año si que pediría un deseo de verdad. Lo pensó y sopló con energía las velas.
El salón estaba lleno de cajas vacías, había platos con algún resto de comida sobre las mesas y alguna botella abierta que ya nadie terminaría. No quedaba ni un alma en la casa, todos se habían ido y era hora de dormir.
Juan estaba cansado. Después del largo día y de la fiesta de cumpleaños junto con su organización pensó que caería rendido en la cama. Al entrar en el dormitorio, sobre la mesita de noche, vio el reloj de Sara. No sabía que estaba todavía allí, y de repente se sintió fatal. Comenzó a recordar como ella le había dejado apenas un día antes de su cumpleaños. Cómo lo hizo y como estuvo a punto de no celebrarlo. Horrible.
Ya dentro de la cama no podía dormir. No hacía más que recordarla, le daba vueltas a todo lo que le pasó con Sara. ¿Qué había hecho él? ¿Acaso se merecía ese trato? Recordaba lo bueno que vivió con ella, pero también lo malo, lo recordaba todo.
Las horas pasaban y no hacía más que dar vueltas en la cama. Probó a hacer ejercicio y volver a la cama. Se levantó para beber agua o ir al baño cientos de veces. Probó a leer, pero no se la podía quitar de la cabeza.
Pensar en otra cosa tampoco le ayudaba, porque casi todo lo que pensaba le terminaba llevando a Sara. Parecía como si todo estuviese conectado con ella. Hasta contar ovejas le recordaba la granja que visitó el año pasado con Sara.
Incluso sus recuerdos más lejanos no servían, siempre terminaban llevándole a una época más reciente donde aparecía ella. Daba igual qué recordase, podía pensar en cosas que le ocurrieron en su niñez con una precisión desconcertante y, sin embargo, enlazando un pensamiento con otro siempre llegaba a Sara.
Después de pasar varias noches en vela, Juan estaba fatal. Con ojeras y liado en una manta recibió a su amigo Pedro. Tenía que hablar con alguien y Pedro era su mejor amigo.
- Por muy difícil que te parezca, no es imposible, todos hemos pasado situaciones de estas alguna vez, y todos hemos seguido adelante. – decía Pedro sin saber muy bien qué decir.
- Ya lo sé, pero es que no consigo pensar en otra cosa, creo que me estoy volviendo loco.
- Tienes que tratar de olvidar a Sara, empezar de nuevo. Tal vez todavía sea pronto para pensar en otra mujer, pero está claro que tienes que olvidarla como sea. Cambiar el chip.
- Bueno, hay una cosa que no te he dicho, y aunque parezca un poco estúpida, ya no sé que pensar.
- Cuéntamelo, sabes que a mí me lo puedes contar todo.
- ¿No te reirás?
- Seguro que no.
- ¿Recuerdas cuando soplé las velas el día de mi cumpleaños?
- Sí.
- ¿Conoces la tradición típica de pedir un deseo al soplar?
- Sí – respondió Pedro casi preguntando.
- ¿Sabes que pedí?
- No. Pero de eso se trata, el deseo es un secreto, ¿no? – Pedro esbozó una leve sonrisa sin saber a dónde trataba de llevarlo Juan.
- Pues resulta que pedí no olvidar.
- ¿No olvidar?… pero… ¿Nada? Precisamente ahora necesitamos que lo hagas para poder seguir adelante… – Pedro se quedó pensando unos minutos – Un momento… cuando tú pediste el deseo…. ¡Sara ya te había dejado! Fue justo antes de tu cumpleaños ¿Qué sentido tiene? No lo entiendo, ¿Por qué lo hiciste?
- Pues… porque no quiero olvidarla.
Enrique y Yasmín
El otro día tuve que ir al Unicaja para pagar la foto de la Orla, que ya estoy en el último curso. Todavía me acuerdo de cuando yo estaba en el colegio y tenía en mi mente una imagen del Yo universitario del futuro (es que todos mis hermanos han ido a la universidad, así que ya suponía que yo iría también). No recuerdo como era mi cara en ese pensamiento, pero si me acuerdo que esperaba el tren para ir a clase, fuera de la estación llovía, yo era bastante alto y llevaba una gabardina larga, marrón creo, y a mi lado había una gotera… Vamos, algo muy de película, y como ahora ya me estoy haciendo la foto y no pasa lo que en aquel pensamiento (no tengo gabardina), pues ¿será que ya soy mayor y no me he dado cuenta? Si no lo soy, puede ser que tenga un problema. De vez en cuando uno quiere volver a esa época en la que la felicidad de un día dependía de si había tortilla para cenar, o si podrías ponerte calcetines súper largos (hasta las rodillas) mientras fuera llovía, o si salía por la tele la musiquilla de la pantera rosa (esto, he de reconocer, todavía me alegra el día).
Cuando esperaba en la cola de nuestra querida caja de ahorros, había dos mujeres con un carrito cada una y con un niño y una niña. No se conocían, pero Enrique estaba con su madre y con su abuela, sacando felizmente todos los panfletos de sus expositores, y cayéndose al suelo sin quejarse nada para aprender sobre la gravedad, mientras la abuela no hacía más que decirle “eso no”, “caca, nene”, “te vas a caer” (esas mujeres con su lectura del futuro) tras esto siempre solía pararle los pies al curioso niño.
Yasmín estaba un poco atrás, era de origen árabe y a diferencia de Enrique, su madre no le paraba los pies, tan sólo le regañaba, para que no siguiera tirando del pantalón de aquel señor que estaba pidiendo un crédito o para que no se escondiera debajo de aquella silla. Sólo cuando ya llevaba demasiado tiempo sin hacerle caso, iba a por ella, y la traía al lado del carrito, donde aguantaba una media de 0,3 segundos.
Enrique veía en Yasmín a una niña más o menos de su edad, y quería jugar con ella (como juegan los niños, no como juegan los mayores, mal pensados), pero cuando se intentaba acercar, su abuela le paraba los pies, frustrando así la diversión, claro. Enrique seguía intentando el acercamiento, pero otra vez aparecía la famosa abuela, y al final, la que se acercó fue Yasmín, y es que alguien tiene que llevar la iniciativa cuando las circunstancias son adversas.
Tras un rato sacando panfletos juntos, y de observar mutuamente como el de enfrente también tenía dos orejas y nariz, algo que parecía sorprenderles mucho, Yasmín le dio un empujón al inestable Enrique, con cariño, pero le dio un empujón, y claro, este casi cayó. Para ellos era parte del juego y del aprendizaje, pero la madre de Yasmín decidió que ya era suficiente y se llevo a su hija a tomarla presa en la alta torre que representaba el carrito.
Yasmín estaba inconforme, y aunque la madre le había dado un juguete maravilloso, de estos que hacen ruido, pataleaba, y exigía su inmediata puesta en libertad. Pero entonces ocurrió lo maravilloso. Enrique, esquivando la mano censuradora de su abuela, acercándose con un, para nada suave, tambaleo y llegando junto al carrito, acudió a su rescate. En ese momento, Yasmín le dio su juguete como recompensa y muestra de agradecimiento. Estaba claro que nada de lo que pudiesen hacer sus progenitoras podría destruir su relación. Enrique disfrutó del juguete a su lado, hasta que su madre terminó los trámites bancarios y tuvo que marchar, abandonando a su compañera de juegos y acabando así una hermosa fase de aprendizaje y de descubrimientos. Que tal vez nunca recuerden, pero que sin embargo ocurrió.
“El que no se protege con un paraguas nota antes que ha dejado de llover”
