Érase una vez un sueño

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La voz muda

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Año 1936, tras toda una carrera de cine mudo, Charles Spencer Chaplin, realiza Tiempos Modernos, película que introduce el sonido en su filmografía. Todo el planeta espera expectante oír hablar a Charlot en el cine. En aquellos momentos Chaplin era la persona más famosa del planeta.

En la última escena de la película, Charlot trabaja de camarero en un restaurante y le exigen cantar una canción. Se apunta la letra en una manga, pero al comenzar a bailar la pierde, no sabe qué hacer y canta una canción con la letra inventada.

Intentando parecer una mezcla entre italiano y francés, versionando la canción Je cherche après Titine, Chaplin consiguió que Charlot hablase manteniendo el lenguaje universal que le caracterizaba. No sabremos como fue la sensación que habríamos tenido de vivir aquel momento, pero… ¿Acaso no les parece bello?

“Insiste en tus errores, porque esa es tu verdadera personalidad”
Julio Cortázar

Written by dajoropo

21 julio, 2008 at 19:03

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El lector de Princesa

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Una de las calles conocidas de Madrid es la calle Princesa, cerca de la que yo vivía hasta hace poco. Al pasar por Plaza de España se convierte en Gran Vía, haciéndose más conocida aún y a la vez llenándose de musicales y gente estresada.

En esta calle hay una agencia de viajes en cuya puerta siempre hay un hombre al que no me atreveré a llamar pobre, porque no sé si lo es. Por las noches duerme entre cartones y mantas que tiene siempre a su lado durante el día en una especie de carrito que parece que nunca mueve de allí, aunque este tenga ruedas.

Digo que parece que nunca mueve, porque no importa a que hora pase uno, él siempre está allí. Sentado o durmiendo, dependiendo de la hora a la que pasemos, pero allí constante y nunca, nunca, le he visto pedir ni coger dinero.

La cosa se vuelve más curiosa cuando gente que ha vivido en Madrid hace ya más de tres años comenta: “¿Aún sigue ese hombre ahí?”. Es casi un icono de la calle, podrían vender camisetas con su foto en las tiendas de souvenir.

Pero lo más curioso para mi es que, exceptuando alguna vez que se queda mirando a la gente pasar, siempre está leyendo. Cada vez que lo veo tiene un libro diferente, y para nada pequeño. Pensando en todo el tiempo que lleva allí y al ritmo que lee podría haberse engullido ya alguna que otra biblioteca.

Todas las típicas preguntas me asaltan cuando lo veo: ¿De qué vive? ¿Cómo consigue los libros? ¿Irá a la biblioteca? ¿Por qué está siempre en esas escaleras? Cosas que probablemente nunca sabré.

Hace poco tuve un problema de goteras en mi habitación y he tenido que mudarme, como no, durante días de lluvia. Para llevarme todas mis cosas necesité varios viajes, y eso que llevo aquí tres meses, pero qué fácil es acumular cosas.

Durante el último viaje de la mudanza llevaba una mochila de montaña con un cojín en la cima, la guitarra en la mano y unas bolsas en la otra. Una estampa curiosa para añadir al metro de Madrid. Si tuviese alguna foto os ilustraría con ella.

Cuando salí de mi calle por última vez y bajé por calle Princesa para ir al metro, pasé por delante del lector. Entonces me vio tan cargado de cosas, y se me quedó mirando. Nos mirábamos el uno al otro al principio, y luego él a mi.

Durante el recorrido de aquellos metros de acera me observaba, a mí y a mis bultos, a la guitarra en mi mano y al cojín que sobresalía tras mi cabeza. Y fue en ese momento cuando me di cuenta, con cierta media sonrisa pintada en la cara, que él, nuestro lector, probablemente se estaría haciendo las mismas preguntas que yo me había hecho antes sobre él.

Written by dajoropo

18 abril, 2008 at 11:08

La indiferencia del tiempo

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“El reloj de la sala de taquillas me dijo que eran las cuatro y veinte. Cuando marcó las cuatro y veintiuno, hube de admitir que las primeras operaciones bélicas no le habían causado al mecanismo daño alguno. Andaba, y no supe si debía interpretar aquella indeferencia del tiempo cual signo propicio o desfavorable.”

Günter Grass – El tambor de hojalata

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2 enero, 2008 at 17:52

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Space Invaders

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Invader es como se hace llamar un artista callejero nacido en 1969, que crea caracteres inspirados en el videojuego Space Invaders con pequeñas piezas de porcelana en diferentes partes de ciudades de todo el mundo desde 1998. A esto le llamo “la invasion”. Ya no es el el unico que se dedica a realizar estos peronajes por la ciudades, y existe una Web oficial donde encontrarlos. El primero que vi fue en Holanda, en Delft. Habia leido sobre el tema en Internet, pero la verdad que fue una sorpresa encontrar uno de estos coloridos marcianitos de repente. Como el artista que invento este movimiento es frances y la primera ciudad que invadio fue Paris, resulta que ya he visto unos cuantos desde que ando por el pais galo, asi que he decidido crear un album de fotos donde ire colocando cada uno que me encuentre, siempre que me pille con la camara en la mano, claro. Pero sin mirar antes en el mapa, que tienen que ser una sorpresa.

Album “Space Invaders”

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10 octubre, 2007 at 18:53

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Síndrome de Peter Pan

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¿Pero qué hacer con Wendy en su delicado estado de salud?
- Bajémosla a la casa -Propuso Rizos.
- Sí -dijo Presuntuoso-, eso es lo que se hace con las damas.
- No, no -dijo Peter-, no hay que tocarla. No sería lo bastante respetuoso.
- Eso -dijo Presuntuoso-, es lo que yo pensaba.
- Pero si se queda ahí tumbada -dijo Lelo-, se morirá.
- Sí, se morirá -admitió Presuntuoso-, pero no se puede hacer otra cosa.
- Sí, sí se puede -exclamó Peter-. Construyamos una casita a su alrededor.
Todos se quedaron encantados

En serio, no se queden con la versión de Disney, ni siquiera con Hook, hay que leer la novela.

Written by dajoropo

11 septiembre, 2007 at 18:00

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Azul. Cierra y abre ciclos.

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A veces me gusta mucho pensar en por qué ocurren las cosas. Ir tirando de los acontecimientos que me llevan desde la situación actual hacia el pasado. Ver qué acciones la originaron y así creer que puedo entender un poco mejor como he llegado hasta aquí. Y al final ver que no controlo casi nada.

El 10 de enero de 1993 se estrenó Azul, dirigida por Krzysztof Kieślowski. Sí, yo tampoco sé como pronunciar el nombre de este hombre, pero sé decir gracias, cómo estas, bien y cariño en polaco (Ah! Migue, también sé decir Marta en polaco ;).

Esta película daría comienzo a la trilogía conocida como “Tres colores” (Azul, Blanco y Rojo), cada uno de ellos uno de los pertenecientes a la bandera francesa, y cada una de las películas representando el significado de los colores: azul libertad, blanco igualdad y rojo fraternidad.

Azul

Cuando yo era pequeño, mi hermano mayor tenía esta película grabada, y recuerdo un día en el que la rebobinaba una y otra vez para poder copiar de los subtítulos la letra del coro del principal tema musical de la película. Cosas de los soportes magnéticos.

Resulta que ese coro está extraído de la Primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios. Tiempo después dimos este texto en clase de religión (Tras cambiar de profesor, el anterior sólo recuerdo que nos tiraba de las orejas de vez en cuando). Mi hermano me pidió que le preguntara a la profesora si se podía encontrar el texto en su idioma original y resultó que la profesora no tenía ni idea del asunto, pero me sonrió.

Pasó el tiempo y el año pasado, en el programa de Quintero, se leyó un fragmento de la carta a los Corintios. Recordé la película, que no había llegado a ver, y la añadí a la lista de pendientes. Impulsos que tiene uno.

Hace unos meses me robaron la antena del coche. Ahora sólo se oyen las emisoras más famosillas y, bien aconsejado, recurrí a las cintas de casete (Cintas que desde hace tanto tiempo guardaba y a punto había estado de tirar varias veces) para poder poner algo de música cuando sufría los ataques de la radio. Sus ataques consisten en ponerte las mismas canciones día tras día a la misma hora hasta que eres un zombi a su servicio y llevas tu coche a CarGlass y pagas la cuota de Legalitas.

Hace un mes me dan una hermosa baja (Gracias Karma) y me pongo a ver películas como un loco. Veo unas dos diarias, a veces creo que es enfermizo, pero aquí estamos. Ayer vi Azul. No es que haya cambiado mi vida, pero me gustó mucho y me he enamorado de Juliette Binoche.

Ayer por la noche, después de ver la película, de entre las cintas viejas que tengo en el coche, salió una que grabé hace años. La cinta tiene muchas canciones de bandas sonoras de películas, y entre ellas la canción de Azul, la canción del coro: Song for the Unification of Europe.

Y toda esta historia, para terminar poniéndoos aquí el texto que recogí cuando Quintero mencionó la carta en su programa y que me hace ahora poner en la lista de pendientes a Blanco y a Rojo. Disfruten, y recuerden niños, los ciclos nunca duermen.

Fragmento de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintos.

“[…] Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.

Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.

Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.

Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.

El amor no pasa nunca.”

Written by dajoropo

3 abril, 2007 at 19:15

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Estornudo

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En el año 400 a.C. el general Jenofonte pronunció un largo discurso a sus soldados, animándoles a seguirle para combatir por la libertad contra los Persas. Habló durante una hora hasta que un soldado interrumpió su discurso con un estornudo. Por aquel entonces (al igual que en la actualidad en Hungría y Eslovenia) se pensaba que el estornudo era una señal divina que afirmaba lo dicho con anterioridad. Todos marcharon a la guerra. Tal vez por el discurso, tal vez por un estornudo. Quién sabe.

El invierno me ha traído un resfriado de estos tan típicos en mí, y es que me paso buena parte del año estornudando, ¿debería comenzar a mentir más a menudo para que Dios no me enviase esas confirmaciones?

Científicamente podría ser porque tengo que fortalecer mis defensas o porque soy alérgico al polvo (al de la suciedad, no a ese que estáis pensando todos…), pero la cuestión es que me paso buena parte del año estornudando, no como en Finlandia, donde iba todas las semanas a la sauna.

La vida estresante es lo que tiene, me he dado cuenta de que he dejado de hacer el poco deporte que hacía, por falta de tiempo. Casi no veo películas y ahora que conduzco en vez de usar transporte público, tampoco leo nada. Por supuesto no toco la guitarra, no hago fotos y el único hobby que me permito es escribir por aquí, mucho más barato que un psicoanalista, donde va a parar.

Siempre piensas que ya tendrás tiempo para hacer todas esas cosas cuando termines las actuales. Siempre me repito que no es verdad, que las irás posponiendo hasta que nunca las realices o un día cambies radicalmente como Kevin Spacey en American Beauty. Nunca termino de aplicarme mi propio cuento. Lo pienso, lo hago y vuelvo a un estado parecido al anterior. Vamos, una caca.

Lo primero es pensar que hay algo fuera, algo que te induce a terminar agobiándote otra vez, a no tener tiempo, algo que no eres tú. Claro, lo primero es echarle la culpa al mundo, que para eso está, ¿no? Que nosotros somos santos y el mundo nunca se queja, bueno, a veces sí, pero basta con no escuchar.

Lo mejor, no agobiarse. No hay tanta prisa por vivirlo todo ahora, be water my friend y esas cosas, acaricia los pequeños placeres, aliviánate, mira el mundo desde unos ojos bellos y será bello, y lo más importante, escoge de cada cosa lo que te gusta, de cada momento y de cada canción, pero no dejes que se te olvide.

Y para empezar a escoger lo que me gusta de cada cosa: en India y Pakistán se cree que cuando se estornuda es porque se recuerda o se es recordado por alguien querido.

“Momo, te necesito para luchar contra los hombres grises y recuperar mi tiempo”

Written by dajoropo

26 noviembre, 2006 at 16:11

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Día de muertos III, gastronomía

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Según el calendario de México Antiguo que tengo colgado en la pared de mi cuarto hoy es el Día de Muertos (31, 1 y 2), y claro me he puesto a recordar que por estas fechas, hace un año estaba yo pegando pingos por la costa oeste de México en un tren por la Barranca del Cobre… Así que como conmemoración vamos a hablar otra vez de lo que probablemente más me atraía de México cuando allí me dirigía, el maravilloso Día de Muertos.

Ya se habló de su historia en anteriores capítulos (I, II), pero ¿Cómo es el Día de Muertos del México actual? Pues muy diferente dependiendo de si vas al sur o al norte, infectado este último por jalogüín, pero todavía se conserva mucho de la tradición, y dentro de este día una parte importante es la comida.

Una de las tradiciones es construir altares que contienen objetos, bebidas y comidas que eran de la preferencia del difunto a venerar y una fotografía del mismo. Un detalle que me encantó fue el caminito de velas que le guía hasta allí, durante estas noches, para que cuando se levante pueda disfrutar de los placeres que desde hace tanto tendrá olvidados.

Los panaderos y pasteleros son una parte imprescindible en estos días, porque se encargan de generar los panes y dulces que satisfagan a vivos y muertos con diferentes platillos especiales: pan de muerto, rosca de la vida, pan cruzado, huesos de manteca… y las maravillosas calaveritas de azúcar, unos dulces con forma de calavera que llevan escrito el nombre del comprador. También las cruces, los violines, el dulce de pepita de calabaza… En fin, que pasarse por un mercado típico en estos días es una experiencia muy auténtica.

Pero el que más me llama la atención de todos es el pan de muerto. Además de por su nombre, porque creo que es el más antiguo de todos, y se remonta a la época de los antiguos indígenas, aunque por supuesto hay diferentes versiones, así que si hay errores, disculpen al que escribe, pero cuento la versión que más he encontrado.

Allá sobre 1519, durante la conquista existía un ritual mediante el cual se arrancaba el corazón latiente a una doncella y posteriormente se introducía en una olla con amaranto. Tras esto, quién encabezaba el rito mordía el corazón como muestra de agradecimiento al Dios correspondiente.

Cómo hicieron con el resto de rituales basados en sacrificios, los españoles intentaron eliminarlo, pero siempre es más fácil reemplazar que eliminar, así que elaboraron un pan de trigo con la forma de un corazón, bañado en azúcar y pintado de rojo, para simular la sangre de la doncella. Yo nunca he probado un corazón, pero supongo que los indígenas no eran tontos y les gustaba lo dulce como a todo el mundo así que poco a poco cambiaron los corazones de doncellas por el pan de muerto, una suerte, porque de lo contrario los mercados en México serían muy diferentes…

En fin, que esta es una de las tantas y maravillosas formas que tienen los mexicanos de burlarse de la muerte, comiéndola.

“Para el habitante de Nueva York, Paris o Londres, la muerte es palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente. Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros; mas al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con paciencia, desdén o ironía”.

Octavio Paz

Written by dajoropo

2 noviembre, 2006 at 22:42

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Fin de semana en Bilbao

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-He visto la exposición de arte ruso y el homenaje a Chillida en el Guggenheim.
-Hemos esperado al lado de un perro de unos 10 metros al que le cambiaban las flores.
-Hemos comido helado con chocolate fundido.
-Hemos ido a una noche de actividades brasileñas, caipirinha y bossa nova :)
-Me he quedado atrapado dentro de casa de mi hermano.
-He desmontado la cerradura de la casa de mi hermano con un cuchillo de mantequilla.
-La volví a montar y había dos piezas que sobraban.
-Hemos subido una montaña.
-Hemos tomado fotos en la cima de una montaña.
-Hemos bajado una montaña.
-Hemos ido a la playa, jugado al volei y a las paletas de playa vascas.
-Me he mojado los pies en el cantábrico.
-He tocado la guitarra de un desconocido (para mi).
-Hemos comido pintxos y bebido potes de kalimotxo.
-Hemos ido a una disco que normalmente es un teatro.
-Me han gritado “Viva la madre que te parió” por la calle.
-Hemos participado en un rally en bicicleta echando fotos.
-Me he caído de la bici por echar una foto en marcha.
-Hemos subido con bicis en un funicular.
-He comido bacalao.
-Me he colado en el metro, sin querer :)
-Hemos ido a una playa verde con rocas.
-He vuelto a conocer a mi hermano.

Written by dajoropo

15 mayo, 2006 at 20:51

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Día de muertos II, la mezcla con el cristianismo

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Cortés tenía ordenes expresas de no desembarcar en tierra, ni de combatir con los nativos, tan sólo tenía que dialogar y comerciar con ellos lo máximo posible, pero Cortés, hijo de familia hidalga, había pasado unos años en prisión por una acusación de conspiración, por lo que no era muy bien visto en Cuba y había invertido toda su fortuna en esa expedición, así que tenía otros planes en mente. Siempre hizo todo lo posible por convencer a sus hombres para fundar colonias permanentes en las tierras méxicas e intentar avanzar hacía la gran ciudad llena de oro de la que los indígenas hablaban (Tenochtitlan, actual México D.F.). Y lo consiguió, aunque pagando a veces precios muy altos, pero esa es otra historia.

Hubo muchos momentos de tensión en los que la rebelión entre sus hombres estuvo a punto de surgir, pero uno de los argumentos que principalmente ayudó a Cortés a convencer a sus hombres (además del más importante, el oro) era el hacer la “obra” de Dios, convertir a los indígenas al cristianismo. A todos los hombres de la expedición les horrorizaban los sacrificios que los nativos realizaban para sus paganos dioses y como Cortés mostró una gran determinación en acabar con estos ídolos e imponer las imágenes de la virgen y la cruz, incluso más determinación que los sacerdotes que iban con él, consiguió el voto a favor de muchos de sus soldados y capitanes.

Seguramente esta fue una de las principales diferencias entre el colonialismo español y el inglés, los españoles buscaban conseguir oro y convertir a los indígenas al cristianismo, los ingleses se quedaban con lo primero, algo más lucrativo. Pero bueno, también se encontraron con situaciones diferentes, los españoles se encontraron con un imperio, el Azteca, que estaba sometiendo al resto de los pueblos del actual México y además era mucho más grande de lo que podrían haber llegado a imaginar.

La cultura Azteca también ayudó a que Cortés pudiese conquistar grandes territorios y conseguir que una gran cantidad de indígenas le siguiesen. Además de que algunos pensasen que los españoles eran dioses, o enviados de estos, que volvían del reino de los cielos, los indígenas no atacaban de noche, porque era el tiempo de los demonios, tampoco atacaban más de uno al mismo tiempo a otro soldado, y esto se debía a su cultura del sacrificio. Para un guerrero era mucho más importante vencer al enemigo capturándolo que matándolo, así podría sacrificarlo y ascender de rango social y militar. De este modo si mientras un guerrero luchaba con el enemigo, otro guerrero del mismo ejercito atacaba a ese enemigo, se consideraba una ofensa, porque estaba intentando disminuir el mérito de la captura o arrebatarle el trofeo, algo aún peor. Es por esto que los nativos peleaban de uno en uno, no como ejército, de esta forma la inferioridad numérica de los españoles no les representaba ningún problema, tan sólo tenían que ser capaces de soportar la fatiga del combate, dado que combatían con mejores armas y armaduras, y caballería y artillería, claro.

De este modo, la expedición de Cortés fue librando y venciendo batallas que le permitían, al conquistar un nuevo territorio, derribar los ídolos y destruir las salas de sacrificios, provocando con ello la ira de los chamanes y del pueblo indígena. También cuando el líder vencido les ofrecía a las mejores mujeres de su pueblo para los capitanes españoles, rápidamente las bautizaban y casaban, para que estar con ellas no fuera pecado… Claro, no sabían si los indígenas tenían alma o no, pero en cuanto les ofrecían mujeres… a bautizarlas rápido que seguro que tenían alma. Muy inteligentes ellos.

Con el tiempo, tras la primera expedición, se siguió intentando inculcar el cristianismo, incorporando las festividades que ya existían en España e inventando algunas nuevas para ocupar el sitio de las que existían con anterioridad.

Aunque todavía quedan indígenas en México que no han perdido del todos sus costumbres, por ejemplo en la sierra Tarahumara, en el estado de Chihuahua, siguen existiendo poblaciones indígenas que aunque realizan celebraciones parecidas a las de semana santa, ellos sin embargo sacan en “procesión” a un muñeco de trapo que simboliza a los españoles y a continuación lo cuelgan de algún sitio para que todo el pueblo se lance con sus herramientas y palos, uno a uno eso sí, a golpearle y finalmente quemarlo. Es una forma de simbolizar que no quieren aceptar las costumbres traídas con la conquista. Por supuesto yo no me asomé por allí…

Volviendo al Día de Muertos, las festividades más importantes relacionadas con la muerte y los sacrificios se realizaban el noveno mes del calendario solar azteca (más o menos el inicio de agosto), los españoles se encargaron de desplazar esta celebración para que coincidiese con el Día de todos los Santos y Todas las Almas, algo que ya se había hecho con el ritual céltico pagano de Samhain, día del banquete de los muertos. De este modo nació lo que sería el actual Día de Muertos mexicano, que ha perdurado hasta la actualidad, aunque cada vez esté más mezclado con las fiestas de Halloween…

“Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir.”Federico García Lorca

Written by dajoropo

31 marzo, 2006 at 15:07

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