Érase una vez un sueño

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Día de muertos III, gastronomía

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Según el calendario de México Antiguo que tengo colgado en la pared de mi cuarto hoy es el Día de Muertos (31, 1 y 2), y claro me he puesto a recordar que por estas fechas, hace un año estaba yo pegando pingos por la costa oeste de México en un tren por la Barranca del Cobre… Así que como conmemoración vamos a hablar otra vez de lo que probablemente más me atraía de México cuando allí me dirigía, el maravilloso Día de Muertos.

Ya se habló de su historia en anteriores capítulos (I, II), pero ¿Cómo es el Día de Muertos del México actual? Pues muy diferente dependiendo de si vas al sur o al norte, infectado este último por jalogüín, pero todavía se conserva mucho de la tradición, y dentro de este día una parte importante es la comida.

Una de las tradiciones es construir altares que contienen objetos, bebidas y comidas que eran de la preferencia del difunto a venerar y una fotografía del mismo. Un detalle que me encantó fue el caminito de velas que le guía hasta allí, durante estas noches, para que cuando se levante pueda disfrutar de los placeres que desde hace tanto tendrá olvidados.

Los panaderos y pasteleros son una parte imprescindible en estos días, porque se encargan de generar los panes y dulces que satisfagan a vivos y muertos con diferentes platillos especiales: pan de muerto, rosca de la vida, pan cruzado, huesos de manteca… y las maravillosas calaveritas de azúcar, unos dulces con forma de calavera que llevan escrito el nombre del comprador. También las cruces, los violines, el dulce de pepita de calabaza… En fin, que pasarse por un mercado típico en estos días es una experiencia muy auténtica.

Pero el que más me llama la atención de todos es el pan de muerto. Además de por su nombre, porque creo que es el más antiguo de todos, y se remonta a la época de los antiguos indígenas, aunque por supuesto hay diferentes versiones, así que si hay errores, disculpen al que escribe, pero cuento la versión que más he encontrado.

Allá sobre 1519, durante la conquista existía un ritual mediante el cual se arrancaba el corazón latiente a una doncella y posteriormente se introducía en una olla con amaranto. Tras esto, quién encabezaba el rito mordía el corazón como muestra de agradecimiento al Dios correspondiente.

Cómo hicieron con el resto de rituales basados en sacrificios, los españoles intentaron eliminarlo, pero siempre es más fácil reemplazar que eliminar, así que elaboraron un pan de trigo con la forma de un corazón, bañado en azúcar y pintado de rojo, para simular la sangre de la doncella. Yo nunca he probado un corazón, pero supongo que los indígenas no eran tontos y les gustaba lo dulce como a todo el mundo así que poco a poco cambiaron los corazones de doncellas por el pan de muerto, una suerte, porque de lo contrario los mercados en México serían muy diferentes…

En fin, que esta es una de las tantas y maravillosas formas que tienen los mexicanos de burlarse de la muerte, comiéndola.

“Para el habitante de Nueva York, Paris o Londres, la muerte es palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente. Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros; mas al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con paciencia, desdén o ironía”.

Octavio Paz

Written by dajoropo

2 noviembre, 2006 at 22:42

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Fin de semana en Bilbao

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-He visto la exposición de arte ruso y el homenaje a Chillida en el Guggenheim.
-Hemos esperado al lado de un perro de unos 10 metros al que le cambiaban las flores.
-Hemos comido helado con chocolate fundido.
-Hemos ido a una noche de actividades brasileñas, caipirinha y bossa nova :)
-Me he quedado atrapado dentro de casa de mi hermano.
-He desmontado la cerradura de la casa de mi hermano con un cuchillo de mantequilla.
-La volví a montar y había dos piezas que sobraban.
-Hemos subido una montaña.
-Hemos tomado fotos en la cima de una montaña.
-Hemos bajado una montaña.
-Hemos ido a la playa, jugado al volei y a las paletas de playa vascas.
-Me he mojado los pies en el cantábrico.
-He tocado la guitarra de un desconocido (para mi).
-Hemos comido pintxos y bebido potes de kalimotxo.
-Hemos ido a una disco que normalmente es un teatro.
-Me han gritado “Viva la madre que te parió” por la calle.
-Hemos participado en un rally en bicicleta echando fotos.
-Me he caído de la bici por echar una foto en marcha.
-Hemos subido con bicis en un funicular.
-He comido bacalao.
-Me he colado en el metro, sin querer :)
-Hemos ido a una playa verde con rocas.
-He vuelto a conocer a mi hermano.

Written by dajoropo

15 mayo, 2006 at 20:51

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Día de muertos II, la mezcla con el cristianismo

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Cortés tenía ordenes expresas de no desembarcar en tierra, ni de combatir con los nativos, tan sólo tenía que dialogar y comerciar con ellos lo máximo posible, pero Cortés, hijo de familia hidalga, había pasado unos años en prisión por una acusación de conspiración, por lo que no era muy bien visto en Cuba y había invertido toda su fortuna en esa expedición, así que tenía otros planes en mente. Siempre hizo todo lo posible por convencer a sus hombres para fundar colonias permanentes en las tierras méxicas e intentar avanzar hacía la gran ciudad llena de oro de la que los indígenas hablaban (Tenochtitlan, actual México D.F.). Y lo consiguió, aunque pagando a veces precios muy altos, pero esa es otra historia.

Hubo muchos momentos de tensión en los que la rebelión entre sus hombres estuvo a punto de surgir, pero uno de los argumentos que principalmente ayudó a Cortés a convencer a sus hombres (además del más importante, el oro) era el hacer la “obra” de Dios, convertir a los indígenas al cristianismo. A todos los hombres de la expedición les horrorizaban los sacrificios que los nativos realizaban para sus paganos dioses y como Cortés mostró una gran determinación en acabar con estos ídolos e imponer las imágenes de la virgen y la cruz, incluso más determinación que los sacerdotes que iban con él, consiguió el voto a favor de muchos de sus soldados y capitanes.

Seguramente esta fue una de las principales diferencias entre el colonialismo español y el inglés, los españoles buscaban conseguir oro y convertir a los indígenas al cristianismo, los ingleses se quedaban con lo primero, algo más lucrativo. Pero bueno, también se encontraron con situaciones diferentes, los españoles se encontraron con un imperio, el Azteca, que estaba sometiendo al resto de los pueblos del actual México y además era mucho más grande de lo que podrían haber llegado a imaginar.

La cultura Azteca también ayudó a que Cortés pudiese conquistar grandes territorios y conseguir que una gran cantidad de indígenas le siguiesen. Además de que algunos pensasen que los españoles eran dioses, o enviados de estos, que volvían del reino de los cielos, los indígenas no atacaban de noche, porque era el tiempo de los demonios, tampoco atacaban más de uno al mismo tiempo a otro soldado, y esto se debía a su cultura del sacrificio. Para un guerrero era mucho más importante vencer al enemigo capturándolo que matándolo, así podría sacrificarlo y ascender de rango social y militar. De este modo si mientras un guerrero luchaba con el enemigo, otro guerrero del mismo ejercito atacaba a ese enemigo, se consideraba una ofensa, porque estaba intentando disminuir el mérito de la captura o arrebatarle el trofeo, algo aún peor. Es por esto que los nativos peleaban de uno en uno, no como ejército, de esta forma la inferioridad numérica de los españoles no les representaba ningún problema, tan sólo tenían que ser capaces de soportar la fatiga del combate, dado que combatían con mejores armas y armaduras, y caballería y artillería, claro.

De este modo, la expedición de Cortés fue librando y venciendo batallas que le permitían, al conquistar un nuevo territorio, derribar los ídolos y destruir las salas de sacrificios, provocando con ello la ira de los chamanes y del pueblo indígena. También cuando el líder vencido les ofrecía a las mejores mujeres de su pueblo para los capitanes españoles, rápidamente las bautizaban y casaban, para que estar con ellas no fuera pecado… Claro, no sabían si los indígenas tenían alma o no, pero en cuanto les ofrecían mujeres… a bautizarlas rápido que seguro que tenían alma. Muy inteligentes ellos.

Con el tiempo, tras la primera expedición, se siguió intentando inculcar el cristianismo, incorporando las festividades que ya existían en España e inventando algunas nuevas para ocupar el sitio de las que existían con anterioridad.

Aunque todavía quedan indígenas en México que no han perdido del todos sus costumbres, por ejemplo en la sierra Tarahumara, en el estado de Chihuahua, siguen existiendo poblaciones indígenas que aunque realizan celebraciones parecidas a las de semana santa, ellos sin embargo sacan en “procesión” a un muñeco de trapo que simboliza a los españoles y a continuación lo cuelgan de algún sitio para que todo el pueblo se lance con sus herramientas y palos, uno a uno eso sí, a golpearle y finalmente quemarlo. Es una forma de simbolizar que no quieren aceptar las costumbres traídas con la conquista. Por supuesto yo no me asomé por allí…

Volviendo al Día de Muertos, las festividades más importantes relacionadas con la muerte y los sacrificios se realizaban el noveno mes del calendario solar azteca (más o menos el inicio de agosto), los españoles se encargaron de desplazar esta celebración para que coincidiese con el Día de todos los Santos y Todas las Almas, algo que ya se había hecho con el ritual céltico pagano de Samhain, día del banquete de los muertos. De este modo nació lo que sería el actual Día de Muertos mexicano, que ha perdurado hasta la actualidad, aunque cada vez esté más mezclado con las fiestas de Halloween…

“Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir.”Federico García Lorca

Written by dajoropo

31 marzo, 2006 at 15:07

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Zapato buscando zapatistas

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Aunque esta sea parte de un viaje bastante mayor que todavía no he contado, es la que me ha gustado más, y voy a contarla primero. Así si no llego a contar todo el viaje (como me suele pasar) al menos esto estará contado.

Para ponernos en situación. Habíamos pasado por Oaxaca y sus playas, habíamos ido a San Cristóbal de las Casas a montar a caballo mientras íbamos a un pueblo indígena cercano y estábamos en Palenque, dónde habíamos visto las ruinas Mayas y preciosas cascadas. Resulta que estando en San Cristóbal habíamos conocidos a unos vascos que nos dijeron que habían visitado un caracol zapatista que había al norte de la ciudad. Total, que sólo nos quedaba un día de viaje antes de tener que regresar a Monterrey y teníamos que decidirnos entre visitar la selva de Lacandona o intentar buscar a los zapatistas. Al final nos decidimos por lo segundo.

Según lo que nos habían contado, en San Cristóbal de las Casas teníamos que tomar un colectivo hasta San Andrés Larraínzar, y una vez allí preguntar hacía donde ir. Nos desplazamos dentro de San Cristóbal hasta el mercado de donde salían los colectivos. Para quién no lo sepa, un colectivo es un coche o furgoneta que va haciendo un recorrido, estilo autobús.

Ahora viene la parte sorpresa, porque cuando íbamos en el coche, el conductor, dos mexicanos, ruben y yo, a los pocos minutos de salir, tuvimos un accidente. No íbamos demasiado rápido, pero dado que había gravilla en el suelo, el coche patinó bastante, y nos fuimos a estrellar contra una casa y un muro que había un poco antes. Menos mal que el conductor giró todo lo que pudo y fuimos dándole de lado al muro y la casa hasta que el coche se paró, de frente habría sido algo peor.

No nos pasó nada a nadie, pero fue muy gracioso ver como se resuelven los accidentes en México. Al salir, una nube de indígenas rodeó a ambos vehículos implicados, y un círculo de niños nos miraban (a Ruben y a mí, los únicos no indígenas del lugar) con ojos como platos. Luego el conductor del taxi y la señora de la furgoneta con la que chocamos, se estuvieron echando las culpas mutuamente, tras esto la señora se largó sin arreglar el más mínimo papel. Los que venían con nosotros en el coche dijeron de ir a la central de nuevo a tomar uno, y entonces fue cuando me di cuenta de que pasados 5 minutos, el conductor se quedó allí solo con el coche destrozado, y a buscarse la vida… The mexican way.

Otra vez en la carretera, y con mucho miedo cada vez que el nuevo (temerario) conductor tomaba una curva, estábamos atentos a ver cuando teníamos que bajarnos. Íbamos buscando cómo visitar un caracol zapatista del EZLN. Los caracoles son zonas en las que van creando la infraestructura necesaria para gestionar lo que van construyendo, véase hospitales zapatistas, escuelas zapatistas, talleres zapatistas, y demás. Eligieron ese nombre porque esta forma de conseguir lo que han estado pidiendo al gobierno mexicano es lenta, pero segura.

A medida que nos acercábamos a la zona se iban viendo diferentes carteles por la carretera con frases revolucionarias, la que más me gustó fue “está usted en zona zapatista, aquí el pueblo manda y el gobierno obedece”, también se veían escuelas zapatistas y cosas así.

Creíamos que iba a ser algo complicado encontrarlo, pero no. A un lado de la carretera que llevaba a San Andrés Larraínzar nos encontramos con la verja tras la que había dos señores con pasamontañas. Le pedimos al conductor que parara y fuimos a preguntarles si podíamos pasar.

Tras pedirnos el pasaporte y apuntarnos en una lista, nos llevaron a la caseta de admisión, y allí nos preguntaron nombre, número de pasaporte, motivo de la visita, ocupación y agrupación a la que pertenecíamos. Les dijimos que éramos estudiantes que queríamos conocer sobre ellos y nos llevaron al centro de información, donde muy amablemente respondieron a todas nuestras preguntas y nos contaron toda la historia del movimiento zapatista desde 1994 (eso lo cuento otro día). Tras esto y algunas fotos, nos dejaron andar por el caracol, dónde había varias tiendas de artesanías, un hospital, y diferentes centros para los agricultores, o mujeres en acción.

Tengo que decir que me quedé muy impresionado con ellos, porque además de ser muy abiertos y recibirnos en todas partes, no sabía que el movimiento se dedicaba a crear escuelas y hospitales, tenía en imagen un movimiento algo más militar que eso. Y todo esto que consiguen es con los donativos y lo que ganan vendiendo las artesanías y el café. Ya han conseguido varios logros, como por ejemplo dar medicamentos de forma gratuita a los indígenas, cosa que no se consigue en los hospitales de la seguridad social mexicana. Así que puede decirse que son como un gobierno alternativo, gracias a las horas que voluntariamente dedican campesinos y demás trabajadores, para solucionar las carencias que sufren los indígenas de México. Por supuesto, esta es la parte bonita que nos contaron ellos, que luego el EZLN tiene sus detallitos por ahí que hay que tener en cuenta, en fin, que hay que tener en cuenta todas las versiones.

Aún así fue todo muy emocionante y nos gustó mucho. Creo que es un paso obligatorio para todo aquel que visite el estado de Chiapas, una forma de conocer una realidad de ese pueblo, y de poder contribuir algo, aunque sea con la compra de algo en las tiendas del caracol, y pues… ¡Qué viva Zapata!

“Prefiero morir de pie, que vivir de rodillas” – Atribuida a Emiliano Zapata, claro, que también se le atribuye al Che Guevara y a Dolores Ibarruri, La Pasionaria.

Written by dajoropo

26 diciembre, 2005 at 15:46

Día de Muertos I, orígenes prehispánicos

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En la cultura Náhuatl (aproximadamente quedan 1 millón y medio de hablantes de esta lengua azteca que es la más hablada dentro de México) se consideraba que el destino de los seres humanos era perecer, pero este no era el final, porque pensaban que seguirían viviendo de otro modo. La vida se convertía en un viaje, mediante el cual deberían atravesar cada uno de los 7 inframundos, para así poder llegar a alguno de los 13 cielos existentes. Dependiendo de la muerte que hubieses tenido, te correspondería un cielo u otro. Debido al esperado viaje, los muertos eran enterrados con toda clase de objetos que pudieran serles de utilidad en su trayecto al Mictlán, que era el nivel inferior de la tierra de los muertos. Este nivel estaba situado muy al norte, y únicamente los guerreros muertos en batalla, quienes eran sacrificados y las mujeres que morían durante el parto estaban exentos de tener que pasar por él, dado que el viaje desde la Tierra hasta el Mictlán era el más duro.

Hay que tener en cuenta que los ganadores del juego de pelota también eran sacrificados, si, los ganadores. Porque ser sacrificado no era malo, para nada, ibas con los dioses, era casi lo mejor que te podía pasar junto con morir al dar a luz o morir en el combate.

El nivel más alto de estos 13 cielos era el de la guerra. Correspondía con el dios Huitzilopochtli, que significa “el colibrí izquierdo” o también “el que viene del sur” (Hay que tener en cuenta que en los mapas aztecas el sur estaba a la izquierda, que era donde se encontraba el paraíso, dirección contraria a la tierra de los muertos). Los aztecas se consideraban soldados del Sol, y tenían que realizar esos ritos para que Huitzilopochtli, el Sol, venciese en su combate diario con las estrellas, que representaban la oscuridad y el mal, y así poder salir cada nuevo día.

Dentro del calendario agrícola azteca existía una fiesta que se celebraba cuando se iniciaba la temporada de recolección o cosecha, venía a ser algo así como el primer banquete después de la temporada de escasez y era tan grande que se compartía hasta con los muertos. Así que se les colocaba comida y bebidas en abundancia. Esto último también tiene mucho que ver con la celebración actual del Día de Muertos.

Todo esto se combinó con la cultura católica cuando los españoles llegamos por estas tierras, pero eso ya vendrá en otra entrada…

Somos mortales,
todos habremos de irnos,
todos habremos de morir en la tierra…
Como una pintura,
todos nos iremos borrando.
Como una flor,
nos iremos secando
aquí sobre la tierra…
Meditadlo, señores águilas y tigres,
aunque fuerais de jade,
aunque fuerais de oro,
también allá iréis
al lugar de los descansos.
Tendremos que despertar,
nadie habrá de quedar.

Poema del rey y poeta Netzahualcóyotl (1391-1472)

Written by dajoropo

8 noviembre, 2005 at 22:43

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Real de Catorce

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Me ha quedado un poco largo, pero quería contar el primer fin de semana del viaje todo junto, y la verdad pasaron muchas cosas. Espero que no os agobiéis por lo largo del texto, y que al menos alguien lo lea entero. Hay premio para el que llegue al final…

El sábado 10 de septiembre comenzamos un viaje de 9 días a lo largo de las ciudades más características del México colonial. Los motivos principales de este viaje eran que el día 15 se celebraba la independencia de México (cuando por fin los mexicanos se libraron de nosotros los gachupines) y que estábamos algo hartos de hacer tareas para el TEC…

México colonial.

El primer fin de semana del viaje lo pasamos en Real de Catorce, un pintoresco pueblecito situado entre montañas y de no fácil acceso (altura 2.756 m).

Aquí viene una pequeña introducción, incluso con algún contenido cultural (Aviso porque alguna gente es alérgica a la cultura. Luego no quiero reclamaciones…)

Es una ciudad fantasma que está volviendo a nacer, fue una próspera ciudad platera hasta principios del siglo XX. Hace pocos años estaba casi desierta, llena de edificios derrumbados y de unos cientos de habitantes que se ganaban duramente la vida gracias a la afluencia anual de peregrinos indígenas y a las escorias restantes de las ya viejas minas. El número 14 probablemente viene de los 14 soldados españoles que resultaron muertos en 1700 por las fuerzas indígenas al tomar dicho emplazamiento.

Últimamente Real ha comenzado a atraer mexicanos y norteamericanos ricos en busca de un retiro poco convencional. Se ha llenado de tiendas de artistas que han ocupado los viejos edificios. La ciudad también adquirió renombre debido a que durante el año 2000 el rodaje de la película “The Mexican” (Julia Roberts, Brad Pitt y Gene Hackman) se apoderó de la ciudad durante unos cuantos meses (En algunos puestecillos se pueden comprar postales de los actores). Las calles principales del pueblo están llenas de tiendas hippie, bastantes de ellas regentadas por extranjeros

El pueblo indígena Huichol, que vive a unos 400 Km. de la ciudad, cree que los desiertos alrededor de Real son un territorio sagrado llamado Wirikuta, donde viven los dioses del peyote y del maíz. Todos los años en mayo o junio, los huicholes hacen una peregrinación hasta el pueblo para realizar sus rituales relacionados con el peyote. Este cactus tiene un enorme significado cultural y religioso, y su uso indiscriminado por parte de los extranjeros (ejem) se considera ofensivo e incluso un sacrilegio.

Bueno, ahora comienzo con nuestro viaje. Tras unas 5 horas de trayecto en coche llegamos a la entrada principal del pueblo, el túnel “Ogarrio” de 2,3 Km de largo. No se puede pasar en autobús, y tan sólo hay un sentido de circulación, así que hay que esperar a que el señor mexicano (tras el pago de 20 pesos) consulte por teléfono si se puede circular, vaya que venga otro auto de frente…

El pueblo es pequeño, unos 1.500 habitantes, pero es precioso. La luz que hay allí es genial y las montañas envuelven mágicamente al lugar. Al llegar buscamos alojamiento y a alguno de los dueños de los caballos, para el día siguiente. Hacer una de las rutas a caballo era el principal motivo del viaje. Tras pasar el día reconociendo el pueblo y tomar algo por la noche nos fuimos al hostal para descansar para el día siguiente.

Temprano (con algunos retrasos por los dormilones…) tomamos los caballos que montaríamos durante 5 horas en una excursión por el desierto. El caballo que me tocó se llamaba Payaso, ¿casualidad?, no lo creo ;) Montar a caballo estuvo genial. Todos terminamos con ganas de repetir, pero todo hay que decirlo, tras 5 horas de caballo, también terminamos sin ninguna posibilidad de andar…

Dentro del viaje en caballo había incluida una parada para probar el misterioso peyote… aquí podéis ver una foto. Tan sólo deciros que está malísimo…

Después de volver con el caballo y de almorzar algo, pese a que parecía que iba a llover, a algunos de nosotros se nos ocurrió la maravillosa idea de subir andando hasta el pueblo fantasma. Una caminata de unos 40 minutos que te lleva hasta las ruinas de lo que antiguamente fue el pueblo de Real. Cuando íbamos subiendo comenzó a llover, cada vez más fuerte (Dani no tenía nada impermeable, tan sólo su muy permeable nuevo poncho…) así que cuando llegamos a la cima y vimos que todavía quedaba un buen trozo para ver el pueblo (que eran solo muros) decidimos volver por el bien de nuestra salud…

Aquí podéis ver las fotos de nuestra improvisada secadora… muy mexicana.

Más secos ya, terminaba nuestro viaje en Real de Catorce. Llegamos unos 15 estudiantes juntos (Yo era el único que no hablaba francés…) pero sólo tres íbamos a continuar viajando durante la semana, el resto volvía a Monterrey. Así que nos dejaron en la población más cercana que aparece en los mapas, Matehuala. No es bonita, pero para pasar una noche estaba bien.

Ahora tal vez venga lo más gracioso para vosotros… Después de mojarme, secarme algo, llegar a Matehuala de noche y lloviendo (con un maletón a la espalda del quince) podeis imaginar que mi final de día no estaba siendo muy agradable, pero ya sabeis, Dani es positivo. Pero siempre hay cosas que rozan el límite de mi capacidad para ver el lado bueno de las cosas. Debido a lo que nos habíamos mojado, buscábamos un lugar con ducha (y con agua caliente) y con estas premisas fuimos al primer hotel de la lista. No estaba demasiado mal, pero no tenían agua caliente por la noche. De todas formas nos llevaron a ver unas habitaciones para ver si las queríamos, estaban en el primer piso… las escaleras hasta allí estaban en un patio, eran de azulejos, había llovido, como mis tenis estaban mojados tenía mis chanclas (que están muuuy desgantadas y son casi lisas), y como dije antes cargaba mi maletón enorme en la espalda… ¿A que nos conducen todos estos hechos? Pues que al bajar, resbalé un poco y gracias al peso del maletón llegué al intermedio de las escaleras el primero, hasta cierto punto podía ser gracioso, pero en cuanto me levanté, me agarré bien fuerte a la barandilla y volví a poner un pie en el siguiente escalón, ¡zas! Otra caida y ahora hasta el final de las escaleras (he de decir que no me caí más veces, porque ya estaba en el suelo…). Y esta segunda ya fue mas dañina, para mi mano y por supuesto para mi orgullo… La mochila fue seguramente la principal causa de la caida, pero también me salvo de hacerme mucho daño (veis como sigo siendo positivo ^^).

Written by dajoropo

25 septiembre, 2005 at 20:53

Publicado en Viajando

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