Érase una vez un sueño

Enrique y Yasmín

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El otro día tuve que ir al Unicaja para pagar la foto de la Orla, que ya estoy en el último curso. Todavía me acuerdo de cuando yo estaba en el colegio y tenía en mi mente una imagen del Yo universitario del futuro (es que todos mis hermanos han ido a la universidad, así que ya suponía que yo iría también). No recuerdo como era mi cara en ese pensamiento, pero si me acuerdo que esperaba el tren para ir a clase, fuera de la estación llovía, yo era bastante alto y llevaba una gabardina larga, marrón creo, y a mi lado había una gotera… Vamos, algo muy de película, y como ahora ya me estoy haciendo la foto y no pasa lo que en aquel pensamiento (no tengo gabardina), pues ¿será que ya soy mayor y no me he dado cuenta? Si no lo soy, puede ser que tenga un problema. De vez en cuando uno quiere volver a esa época en la que la felicidad de un día dependía de si había tortilla para cenar, o si podrías ponerte calcetines súper largos (hasta las rodillas) mientras fuera llovía, o si salía por la tele la musiquilla de la pantera rosa (esto, he de reconocer, todavía me alegra el día).

Cuando esperaba en la cola de nuestra querida caja de ahorros, había dos mujeres con un carrito cada una y con un niño y una niña. No se conocían, pero Enrique estaba con su madre y con su abuela, sacando felizmente todos los panfletos de sus expositores, y cayéndose al suelo sin quejarse nada para aprender sobre la gravedad, mientras la abuela no hacía más que decirle “eso no”, “caca, nene”, “te vas a caer” (esas mujeres con su lectura del futuro) tras esto siempre solía pararle los pies al curioso niño.

Yasmín estaba un poco atrás, era de origen árabe y a diferencia de Enrique, su madre no le paraba los pies, tan sólo le regañaba, para que no siguiera tirando del pantalón de aquel señor que estaba pidiendo un crédito o para que no se escondiera debajo de aquella silla. Sólo cuando ya llevaba demasiado tiempo sin hacerle caso, iba a por ella, y la traía al lado del carrito, donde aguantaba una media de 0,3 segundos.

Enrique veía en Yasmín a una niña más o menos de su edad, y quería jugar con ella (como juegan los niños, no como juegan los mayores, mal pensados), pero cuando se intentaba acercar, su abuela le paraba los pies, frustrando así la diversión, claro. Enrique seguía intentando el acercamiento, pero otra vez aparecía la famosa abuela, y al final, la que se acercó fue Yasmín, y es que alguien tiene que llevar la iniciativa cuando las circunstancias son adversas.

Tras un rato sacando panfletos juntos, y de observar mutuamente como el de enfrente también tenía dos orejas y nariz, algo que parecía sorprenderles mucho, Yasmín le dio un empujón al inestable Enrique, con cariño, pero le dio un empujón, y claro, este casi cayó. Para ellos era parte del juego y del aprendizaje, pero la madre de Yasmín decidió que ya era suficiente y se llevo a su hija a tomarla presa en la alta torre que representaba el carrito.

Yasmín estaba inconforme, y aunque la madre le había dado un juguete maravilloso, de estos que hacen ruido, pataleaba, y exigía su inmediata puesta en libertad. Pero entonces ocurrió lo maravilloso. Enrique, esquivando la mano censuradora de su abuela, acercándose con un, para nada suave, tambaleo y llegando junto al carrito, acudió a su rescate. En ese momento, Yasmín le dio su juguete como recompensa y muestra de agradecimiento. Estaba claro que nada de lo que pudiesen hacer sus progenitoras podría destruir su relación. Enrique disfrutó del juguete a su lado, hasta que su madre terminó los trámites bancarios y tuvo que marchar, abandonando a su compañera de juegos y acabando así una hermosa fase de aprendizaje y de descubrimientos. Que tal vez nunca recuerden, pero que sin embargo ocurrió.

“El que no se protege con un paraguas nota antes que ha dejado de llover”

Written by dajoropo

11 mayo, 2006 a 21:13

Publicado en Lo que une un día con otro

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7 comentarios

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  1. Uyyy si era todo un donjuán ese enrique…

    yo por más que intento acercarme a las yazmines… éstas siempre me dan algún regalo y jamás de los jamases se quedan más de 3 meses a compartir juegos.

    Siempre invento más y nuevos pasatiempos… pero jamás basta… así es con el amor de verdad…. siempre termina endespedida… al menos en este lado del atlántico así lo es y lo ha sido.

    Pero ya vendrán tiempos nuevos con más juegos y más yazmines… para Quique y para mí.

    para todos…. y de los primeros en saber la noticia.. estarás tú.. mi queridísimo dani…. aahhh la de cosas..

    primicia: He superado todas mis materias ya y me voy al iguanas a festejar, mañana día tranquilo y el sábado fiesta para ahogarse en alcoholes!!!!

    que tengas una excelente aventuraa!!!.. hasta nuestra siguiente plática!

    kluzter

    12 mayo, 2006 at 5:00

  2. kluster hubieras invitado al iguanas para hacerte segunda =P.

    las cosas son mas faciles cuando niños, hasta en el amor, tal vez solo nos gusta complicarnos las cosas, y sabotear nuestra propia felicidad

    sera tal vez que el ser humano es un poco masoquista y le gusta sufrir ?

    lo mas impresionante de el caso es que siempre te pasan aventuras nuevas dani, siempre encuentras esos detalles de la vida que son dignos de contar, sera que me eh vuelto menos observador o tal vez por este lado del charco se ah vuelto mas aburrido?

    Miguel

    13 mayo, 2006 at 6:42

  3. Felicidades por la bitácora.

    Salva

    13 mayo, 2006 at 11:05

  4. Vaya vaya, supongo que te ha tocado esperar una de esas colas de jubilados, amas de casa y algunos parados como yo que suele haber en las cajas de ahorro.

    Tio hasta a esa situación eres capaz de sacarle una apasionada historia de amor entre el amante cristiano y la amada mora.

    Te admiro.

    RObles

    14 mayo, 2006 at 23:52

  5. Te lo he dicho muchas veces !!! Creo que tu talento está desaprovechado en esa carrera tan fría !!!

    Deja la informática y dedicate a escribir !!!

    Alex!!!

    15 mayo, 2006 at 13:33

  6. Aduladores!🙂 me vais a hacer sonrojar :$

    Lo de sacar historias de cosas cotidianas no sé si es debido a que tengo demasiado tiempo para pensar últimamente o al hecho evidente de mi locura para nada temporal…

    Gracias

    P.S: Cada vez recuerdo menos mexicano, ¡no puede ser! tengo que decir pinche mucho más…

    Dajoropo

    16 mayo, 2006 at 18:07

  7. Bonita historia, hay que ver lo que da de si tu imaginación, o debería decir tu capacidad de observación en una cola de banco.

    Bueno que más puedo decir, quizás solo que me ha gustado la historia.

    Glaurung

    18 mayo, 2006 at 1:41


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