Érase una vez un sueño

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Definiciones del siglo XXI: Diario

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Un diario puede ser gratuito, de pago, online o escrito en papel y es una publicación cuya parte principal es un sudoku que cambia todos los días (de ahí el nombre de diario). El sudoku suele venir acompañado por una serie de noticias y anuncios que no cambian nunca.

Nótese que las noticias y los anuncios que acompañan al sudoku de diferentes publicaciones se diferenciaran en ideología política y en nivel erótico en función del director de la publicación. Los sudokus siempre son imparciales.

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Written by dajoropo

24 marzo, 2010 at 20:00

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Dormir soñando

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Y durante tanto tiempo soñó que dormía con ella que cuando al fin durmieron juntos, no supo qué soñar.

Written by dajoropo

3 febrero, 2008 at 12:00

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Instrucciones para limpiarse los dientes

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Para no olvidar ninguna parte de la boca debemos empezar siempre por el mismo lado, y avanzar poco a poco de un extremo a otro. Es importante no mover el cepillo de dientes en horizontal, puesto que tan sólo repartiríamos la suciedad de un lado a otro. El movimiento debe ser el de un giro de muñeca, desde dentro hacia fuera. Tras repetir seis veces podremos avanzar hacia la siguiente parte de nuestra dentadura. Al acabar con la frontal, proseguiremos con la zona posterior y tras esto la mandíbula inferior. Ahora quedaría concluir con la limpieza de la cabeza de los dientes. Una vez finalizada la limpieza podemos proceder a una segunda limpieza añadiendo un poco de pasta de dientes, preferiblemente con flúor, a nuestro cepillo. Repetir tras cada comida.

Próxima entrega: Instrucciones para limpiarse la conciencia.

Oferta especial: Al comprar el segundo fascículo y mostrando su credencial de político corrupto, consiga de regalo el número tres: Instrucciones para la reconstrucción de principios a medida.

Written by dajoropo

7 diciembre, 2007 at 15:17

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El olor dolor

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Nasus tenía una habilidad interesante que le hacía un tanto diferente de los demás, y es que nunca olvidaba un olor. Disponía de un olfato extraordinario, que le permitía saber quien había estado antes en la habitación, o averiguar al instante qué cocinaba la señora del quinto.

Pero no todo eran ventajas para Nasus, ademas de recordar con mas fuerza que el resto de la gente los olores, también le afectaban más a su estado de ánimo. Por ejemplo tenía un gran problema con el olor a violetas. Cuando niño vivía enamorado de su vecina Sofía. Nunca se atrevía a decirle nada, hasta que un día se decidió a declararse por fin. Él se acercó a un campo de violetas a recoger unas cuantas y así preparar un ramo para su amada. Fue a esperarla a la puerta de su casa, pero cuando ella llegó, se encontró con que andaba de la mano de otro chico. La sensación fue horrible, y quedó a partir de entonces ligada al olor de las violetas.

Como este, muchos otros sentimientos se iban acumulando en su memoria olfativa, y Nasus empezó a preocuparse por su “habilidad”, así que acudió a un doctor para intentar comprender más su problema.

“Nuestro sentido del olfato es unas 10.000 veces más sensible que cualquier otro de nuestros sentidos” – comenzó diciendo el doctor – “ya que el resto de sentidos tienen que viajar por el cuerpo y la espina dorsal antes de llegar al cerebro, mientras que el olfato accede directamente. Las neuronas receptoras del olfato envían la información a los bulbos olfativos, que se encuentran detrás de la nariz, los cuales poseen receptores sensoriales que, en realidad, son parte del cerebro. Una vez en el cerebro, el mensaje se envía a la neo corteza donde se modifican los pensamientos conscientes y también a los centros mas primitivos del cerebro donde se estimulan las emociones y memorias, las llamadas estructuras del sistema límbico.”

El sistema límbico, ese era su problema, parecía que el suyo era demasiado sensible, y nunca olvidaba. Allí se habían incrustado todos los recuerdos amargos, entre ellos el que venía con el olor a violetas. El doctor no pudo hacer nada por él, así que Nasus intentó evitar todos los olores que le recordaran algún momento doloroso del pasado. Los llamaba olor-dolor.

Durante un tiempo Nasus consiguió sortear una gran cantidad de recuerdos negativos, pero cada vez era mas complicado. Si tenia una fuerte discusión en una habitación, se creaba un nuevo olor-dolor y tenía que cambiar el ambientador que usaba en ella, al menos durante un tiempo. Incluso tuvo que pedir a las limpiadoras del edificio que cambiasen de lejía a la hora de fregar el suelo, porque no podía evitar recordar el día en que su gato cayó por el hueco de la escalera desde el séptimo piso.

Pero todo esto no parecía nada en comparación con el esfuerzo que tenia que hacer con las mujeres. Cada vez que una le dejaba, cada vez que una relación acababa, tenia que cambiarlo todo. Cualquier olor de la casa le recordaba los momentos felices que había vivido, así que cambiaba de detergente, de ambientador, de plantas y sobre todo de champú.

“Malditos champús unisex” solía repetirse. Si había algo que no soportaba, era usar la misma marca de champú que había utilizado alguna de sus ex, le obligaba a llevar continuamente su olor con él. Como si estuviera constantemente a su lado, pero claro, sin estar. Así que buscar un nuevo champú fue convirtiéndose poco a poco en un ritual, o más bien una tradición cada vez que acababa una relación.

Pasaron los años y Nasus cayó dentro de una profunda crisis. Salía con un chica, pero realmente no la quería. Cada día cuando se levantaba se forzaba a seguir con ella, y eso hacia que a veces ni la soportara. Cada día iba a peor. Pero Nasus no quería dejarla bajo ningún concepto porque temía afrontar el futuro si la dejaba. Y es que ya había probado todas las marcas de champú que conocía.

Written by dajoropo

9 noviembre, 2007 at 16:15

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Sobre las reacciones

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“A quien no espera nada todo le parece un regalo”

Written by dajoropo

10 mayo, 2007 at 18:54

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Juan sin olvido

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Era el día de su cumpleaños y Juan estaba a punto de soplar las velas. Es cierto que no era muy dado a creer en ese tipo de tradiciones, pero ¿por qué no? En ese mismo instante decidió que este año si que pediría un deseo de verdad. Lo pensó y sopló con energía las velas.

El salón estaba lleno de cajas vacías, había platos con algún resto de comida sobre las mesas y alguna botella abierta que ya nadie terminaría. No quedaba ni un alma en la casa, todos se habían ido y era hora de dormir.

Juan estaba cansado. Después del largo día y de la fiesta de cumpleaños junto con su organización pensó que caería rendido en la cama. Al entrar en el dormitorio, sobre la mesita de noche, vio el reloj de Sara. No sabía que estaba todavía allí, y de repente se sintió fatal. Comenzó a recordar como ella le había dejado apenas un día antes de su cumpleaños. Cómo lo hizo y como estuvo a punto de no celebrarlo. Horrible.

Ya dentro de la cama no podía dormir. No hacía más que recordarla, le daba vueltas a todo lo que le pasó con Sara. ¿Qué había hecho él? ¿Acaso se merecía ese trato? Recordaba lo bueno que vivió con ella, pero también lo malo, lo recordaba todo.

Las horas pasaban y no hacía más que dar vueltas en la cama. Probó a hacer ejercicio y volver a la cama. Se levantó para beber agua o ir al baño cientos de veces. Probó a leer, pero no se la podía quitar de la cabeza.

Pensar en otra cosa tampoco le ayudaba, porque casi todo lo que pensaba le terminaba llevando a Sara. Parecía como si todo estuviese conectado con ella. Hasta contar ovejas le recordaba la granja que visitó el año pasado con Sara.

Incluso sus recuerdos más lejanos no servían, siempre terminaban llevándole a una época más reciente donde aparecía ella. Daba igual qué recordase, podía pensar en cosas que le ocurrieron en su niñez con una precisión desconcertante y, sin embargo, enlazando un pensamiento con otro siempre llegaba a Sara.

Después de pasar varias noches en vela, Juan estaba fatal. Con ojeras y liado en una manta recibió a su amigo Pedro. Tenía que hablar con alguien y Pedro era su mejor amigo.

– Por muy difícil que te parezca, no es imposible, todos hemos pasado situaciones de estas alguna vez, y todos hemos seguido adelante. – decía Pedro sin saber muy bien qué decir.
– Ya lo sé, pero es que no consigo pensar en otra cosa, creo que me estoy volviendo loco.
– Tienes que tratar de olvidar a Sara, empezar de nuevo. Tal vez todavía sea pronto para pensar en otra mujer, pero está claro que tienes que olvidarla como sea. Cambiar el chip.
– Bueno, hay una cosa que no te he dicho, y aunque parezca un poco estúpida, ya no sé que pensar.
– Cuéntamelo, sabes que a mí me lo puedes contar todo.
– ¿No te reirás?
– Seguro que no.
– ¿Recuerdas cuando soplé las velas el día de mi cumpleaños?
– Sí.
– ¿Conoces la tradición típica de pedir un deseo al soplar?
– Sí – respondió Pedro casi preguntando.
– ¿Sabes que pedí?
– No. Pero de eso se trata, el deseo es un secreto, ¿no? – Pedro esbozó una leve sonrisa sin saber a dónde trataba de llevarlo Juan.
– Pues resulta que pedí no olvidar.
– ¿No olvidar?… pero… ¿Nada? Precisamente ahora necesitamos que lo hagas para poder seguir adelante… – Pedro se quedó pensando unos minutos – Un momento… cuando tú pediste el deseo…. ¡Sara ya te había dejado! Fue justo antes de tu cumpleaños ¿Qué sentido tiene? No lo entiendo, ¿Por qué lo hiciste?
– Pues… porque no quiero olvidarla.

Written by dajoropo

25 marzo, 2007 at 10:06

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Día de reyes

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— Mamá, ¿Para qué se inventó la risa?
— Para transmitir la felicidad.
— Entonces… ¿Para qué se inventó el llanto?
— Pues para transmitir la felicidad.

Written by dajoropo

6 enero, 2007 at 2:22

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