Érase una vez un sueño

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Sapo Radioactivo

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Esto de la tecnología es increíble. Ahora con esto de los discos duros portátiles puedo tener el mismo desorden de mi armario, o incluso de mi cuarto entero en uno de mis bolsillos. A eso llamo yo llevar tu mundo contigo, y tu desorden, claro. Porque soy informático, que si no pensaría que se trata de brujería.

Y es que el otro día me compré un disco duro de estos pequeñitos, azul, muy mono y tal, y ahora he comenzado a centralizar la información que tenía dispersa entre ordenadores, disco duro antiguo, copias de seguridad de estas que haces antes de formatear… Es impresionante la cantidad de porquería que puede uno llegar a acumular (Frase que sólo se usa cuando nos mudamos a otra casa, o cuando nos mudamos de disco duro).

Superado el trauma inicial pasamos al tema de la organización de la información, que es toda una ciencia. Hay cosas fáciles, como los mp3 que van a la carpeta ‘música’, pero luego nos encontramos con cantidad de cosas inclasificables. Dos de las constantes en todos mis discos son la carpeta “Cajón de sastre” un pequeño popurrí de todo y la carpeta “A organizar”, progenitora del “ya miraré donde lo coloco otro día con más tiempo…”. De mis favoritas.

En esta ocasión y en vista de la cantidad de proyectos pasados, frustrados, o ni siquiera iniciados, he decidido crear una carpeta “Proyectos”. No me imaginaba que iba a meter tantas cosas ahí dentro. Me ha hecho hasta ilusión. Ahí están los porqués.com las versiones anteriores del blog, la página de cuando estuve en Finlandia, los artículos de Ágora Málaga y por supuesto los dos únicos en activo: Descifrando y Cuéntame un chiste.

Pero el objetivo principal de esta entrada era rendir homenaje a los caídos. Esos proyectos que no triunfaron, o que ni siquiera vieron la luz (es decir, todos excepto los dos que siguen en pie), y de los cuales uno me ha traído muy buenos recuerdos por los bocetos encontrados. Se trata de “Sapo Radioactivo”.

Sapo Radioactivo iba a ser el superhéroe de Fuengirola. Viviría en lo alto del puente que cruza el río junto al castillo y tendría súper poderes tras haber ingerido residuos nucleares en su charca natal. Lucharía contra los merdellones y aparecería en tiras cómicas con mucho humor y por supuesto mucha regularidad. Por supuesto, nada de esto ocurrió.

Pero ya que incluso conseguí convencer al señor A. para que en su tiempo libre me hiciese unos primeros bocetos de cómo sería nuestro protagonista. He aquí uno de ellos para que el mundo conozca lo que pudo haber sido y no fue. El que pudo salvar a la provincia de Málaga de los merdellones y se quedó en guiones escritos en algún papel perdido.

Descanse en paz Sapo Radioactivo.

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Written by dajoropo

18 marzo, 2010 at 19:00

Cuéntame un chiste

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Parece que estoy en la semana loca del emprendedor o algo así. Nuevo proyecto que nace, y esta vez es sobre chistes.

www.cuentameunchiste.com

La página nace con la idea de albergar chistes hasta rebozar, pero de momento creo que no llega a 20. Cualquiera puede subir chistes propios y votar los ya existentes, y ya sabeis, cuando tengais un rato aburrido en el trabajo siempre podeis entrar a leer unos cuantos.

Por ahora se lanza con las funciones mínimas de votar y subir chistes, pero poco a poco se añadirán más funcionalidades y opciones. Cualquier comentario sobre posibles mejoras es más que bienvenido.

Ya me direis si os gusta. Y ahora, a chistear 🙂

Written by dajoropo

28 febrero, 2010 at 0:30

Monos, monos, muchos monos…

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“We’ve heard that a million monkeys at a million keyboards could produce the complete works of Shakespeare; now, thanks to the Internet, we know that is not true.”

Robert Wilensky

Written by dajoropo

28 julio, 2009 at 9:28

Publicado en Frases y citas

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Carteles curiosos

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Mirando fotos olvidadas en el disco duro se encuentra uno con grandes y agradables sorpresas. Lo último que me he encontrado ha sido una colección de fotos de mi primer piso aquí en Madrid. Vivíamos unas 9 personas en el piso, y la casera, muy divertida ella, iba dejando carteles por el piso para comunicarnos cualquier problema. Uno de mis favoritos es el de “el piso huele a muerto según entramos”, pero siempre había más: piezas del baño desmontadas, grifos que gotean o leche en mal estado. El contenido de los carteles, unido a “el arte con el que están escritos” han creado escuela. Tal vez sea más divertido si has escuchado hablar a la casera, porque te la imaginas diciéndolo… Y bueno, nada más, os dejo con los carteles. A disfrutar.

Written by dajoropo

15 octubre, 2008 at 12:00

Publicado en Lo que une un día con otro

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La voz muda

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Año 1936, tras toda una carrera de cine mudo, Charles Spencer Chaplin, realiza Tiempos Modernos, película que introduce el sonido en su filmografía. Todo el planeta espera expectante oír hablar a Charlot en el cine. En aquellos momentos Chaplin era la persona más famosa del planeta.

En la última escena de la película, Charlot trabaja de camarero en un restaurante y le exigen cantar una canción. Se apunta la letra en una manga, pero al comenzar a bailar la pierde, no sabe qué hacer y canta una canción con la letra inventada.

Intentando parecer una mezcla entre italiano y francés, versionando la canción Je cherche après Titine, Chaplin consiguió que Charlot hablase manteniendo el lenguaje universal que le caracterizaba. No sabremos como fue la sensación que habríamos tenido de vivir aquel momento, pero… ¿Acaso no les parece bello?

“Insiste en tus errores, porque esa es tu verdadera personalidad”
Julio Cortázar

Written by dajoropo

21 julio, 2008 at 19:03

Publicado en Historias

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El karma del Actimel

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Cómo el día de mi cumpleaños lo iba a pasar en Suiza y además caía en lunes, decidí hacer una fiestecilla el sábado anterior. Hay un grupo considerable de malacitanos en los madriles, así que mi piso iba a vivir mi primera fiesta en estas tierras.

Invitaría a unos ocho, algo íntimo que se diría, hasta que nuestro querido señor O (intentaré conservar su anonimato) me preguntó si podía traer un par de personas. Accedí de inmediato sin imaginarme que el señor O no sabe contar, y que un par pueden ser ocho o más personas. Simplemente tenemos diferentes conceptos en la aritmética básica.

No he descrito mi piso, pero es un tanto peculiar. Es antiguo, enorme y vivimos once personas, pero casi no me encuentro con nadie. Algunas habitaciones son más grandes que los mini pisos aquellos de la ministra y la gente hace vida en el cuarto. Más que piso parece un hostal.

Pese a su tamaño el piso no tiene un gran salón y la cocina no es para tirar cohetes. Todo lo que pudo ser convertido en dormitorio, fue convertido en pro de los beneficios del propietario, que tiene que estar de vacaciones todo el año a nuestra costa.

Volviendo al tema de la fiesta. Éramos muchos más de los que esperaba, y además no había comprado bebidas suficientes. Mi intento de mojito pese al cariño que le pusieron los creadores, no aguantó para que algunos invitados pudieran probarlo.

Pasaban las horas y ya no quedaba cerveza. Había gente que había traído bebidas, pero sin refresco. Junta un grupo de personas un sábado por la noche en una cocina con ron y diles que sólo cojan cosas de tu estante de la nevera, a ver que pasa.

Vi un zumo, oí hablar de una Coca Cola®, que por supuesto que yo no tenía y ya era más que consciente de que no controlaba aquello. Se acabaron las bebidas y nos marchamos a algún local de Malasaña con nombre de transporte marítimo.

Hasta aquí todo bien. Al día siguiente amanecí a las mil y me tomé una ducha matutina a las cuatro de la tarde. Poco después, el compañero de piso de Chipre toca en mi puerta para preguntarme si he visto su reloj en el cuarto de baño. Parece que alguien lo había cogido.

Mal rollo generalizado en la casa, nadie sabe nada del reloj. La casera dice que si se entera de quién ha sido lo echa. Todavía faltaba por preguntar a gente que no estaba en casa aunque el afectado daba la cosa ya por perdida.

Pensando en el karma y esas cosas que dice Earl, me da por decir “a ver si alguien, enfadado por la fiesta de ayer, ha pensado que el reloj era mío y en venganza se lo ha llevado”. Por otro lado pensaba en lo infantil que sería.

Pese a que lo dije por decir, nuestro amigo sin reloj, respondió que la compañera de piso argentina estaba bastante enfadada por la mañana dado que algún energúmeno se había bebido su Coca Cola®. Todo encajaba en mi puzzle mental, así que bajé al chino de turno a suplir la Coca Cola® y el zumo sustraídos, creyendo que con ello recuperaba el estado original de las cosas, y que el karma actuaría en consecuencia trayendo de vuelta el reloj de mi compañero de piso.

Al día siguiente me fui a Suiza, así que estaría cuatro días sin saber cómo continuaba esta interesante historia. Llegué el jueves. El reloj no había aparecido ni lo ha hecho todavía y la compañera argentina pese a mis disculpas muestra un carácter opuesto a lo gentil. Algo fallaba. Yo había repuesto lo hurtado, ergo el karma era un fraude.

Un par de días después, uno de los hombres mayores que viven en el piso me comentó en la cocina si se había resuelto lo de las cosas que faltaban, a lo que yo le conté el resumen de todo esto, y que si le faltaba algo que me lo dijera, que lo repondría.

— Pues a mi me faltan dos yogures
— ¿Dos yogures? Pero no creo que nadie vaya a coger dos yogures a las 3 de la mañana… de todas formas si quiere se los compro
— No, no, no, da igual, si tampoco es molestia. Son sólo dos yogures.

Yo pensaba que el tipo quería que le supliera aprovechando la coyuntura.

Otro día después me encuentro con algunos de los participantes de la fiesta y cuento toda esta larga historia, y mi desilusión ante el karma. Tras esto no puedo escuchar nada más que:

— ¡Ostia!, ¿a que no sabes lo que me contó el señor O sobre la fiesta?
— ¿Qué?
— Que fíjate tú si estaría borracho, que me dijo que hasta bebió Actimel® con ron…

Yo ya no sabía qué sería lo siguiente. Resulta que impulsado por el señor J (del que mantendremos también su anonimato) bebió esta curiosa mezcla en vista de la escasez de refrescos. Y lo peor de todo es que me luego me dice que estaba bueno y todo.

¿Debería comprar los Actimeles® para reestablecer el equilibrio cósmico?

Written by dajoropo

28 enero, 2008 at 12:00

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Veinticinco y una fondue

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Y parece que fue ayer cuando estaba yo cumpliendo años en Finlandia, y con ello por primera vez fuera de España. Hace ya cuatro años de eso y ahora me encuentro en una habitación de hotel en Ginebra, Suiza, en algo que se parece al barrio rojo de Ámsterdam a excepción de que las señoritas llevan paraguas. Es que hoy llueve.

Empecé haciendo un resumen de los últimos cumpleaños, intentando acordarme de qué estaba haciendo hace uno, dos, tres, cuatro, y hasta cinco años. Más allá todo se difumina y no consigo distinguir apenas ningún cumpleaños, excepto uno en el que la tarta tenía forma de barco. La edad, no importa, la tarta estaba buena.

Ya que me ha tocado un día un tanto feo en Ginebra, que aquí todo cierra pronto y que he venido solito en este viaje, me decidí a ir a comer algo nuevo y muy suizo, o al menos algo de las zonas colindantes y me dirigí al bar restaurante recomendado por mi contacto en Suiza.

Dado que pagaba la empresa y que tenía hambre, allí que me pedí una ‘fondue al pesto’. Toda ella para mí. Medio litro de cerveza y una bola de helado de chocolate acompañaban el encargo de cumpleaños del que me sentía orgulloso por haberlo hecho en francés. De los montes de Málaga, pero en francés. Mi marcador de ciudadano del mundo ganaba puntos.

Mientras esperaba la comida pensé en que quería escribir algo aquí, que está el chiringuito algo abandonado desde que estoy en Madrid. Pensaba en escribir sobre la separatidad (sensación de separación) del ser humano de la que he estado leyendo hace poco. Único gran problema al que nos enfrentamos en la vida, y ponerme en plan profundo a divagar de esto, aquello y de lo otro. Mi marcador intelectual podía sumar unos puntos.

Pero el desarrollo de la cena, alteró mis planes, y es que no sabía cómo comer una fondue. Primero vino la cerveza a la mesa, luego un plato con pan y otro platito con un delgado y largo tenedorcito. Tras esto llegó una especie de hornilla con una llama azul. Por ahora todo bien, lo único comestible era el pan, así que no existían demasiadas posibilidades de error. Tras esto el camarero colocó una cacerola sobre el fuego, con un líquido hirviente, burbujeante, palpitante. Se aproximaba la hora de comer, pero aún no sabía cómo.

El camarero dejó de pasar, y de traer cosas nuevas. Yo me entretenía mirando los mensajitos de feliz cumpleaños (muchas gracias de paso) y el tiempo pasaba. Intentaba actuar con normalidad, como alguien que sabe lo que hace, con esa cara que tiene siempre Sean Conery, y seguí esperando con aires de normalidad.

Ya se había evaporado un tercio de la cacerola cuando el camarero me preguntó si algo iba mal. Y ese fue el momento señores y señoritas. En ese mismo instante me empequeñecí cuanto pude y dejé de intentar aparentar ser un 007, pensé que seguía siendo el catetillo que siempre he sido y en ese momento dije, en inglés para intentar ampararme en mi condición de extranjero, “es que no sé como se come”. La frase tiene miga.

Tras una demostración práctica sin necesidad de palabras, pude empezar a comer, y darme cuenta de que si hubiese preguntado antes en vez de hacerme el listo, ahora tendría un tercio de fondue más. Mi marcador de estúpido ascendía hasta límites insospechados.

Ahora tan sólo tenéis que imaginar a un pobre payaso en suiza comiéndose una fondue mientras se ríe sólo. Así será fácil recordar este cumpleaños, será el cumpleaños de la fondue, o el de “si no sabes, pregunta hijo”. Que diría mi tan sabía madre.

Existen muchas formas de desnudarse. Quitarse la ropa es tan sólo una de ellas.

Written by dajoropo

14 enero, 2008 at 23:56