Érase una vez un sueño

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El ejercicio de la mente

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Ahora que están de moda los Breintrainins, sudokus y similares para entrenar la mente, habría que hacer una pequeña aclaración para explicar, que como en todo, hay distintos tipos de entrenamientos para obtener distintos resultados. Si entrenas tus brazos no vas a correr más rápido, y es que la única función de nuestro cerebro no es calcular el cambio de una compra, aunque pueda ser muy útil.

Leí hace poco un texto que hablaba acerca del sueño de los ciegos. Si la mayoría de las personas sueñan con imágenes, ¿cómo sueña una persona ciega? Resulta que existen dos casos distintos: la persona que siempre fue ciega, y la que lo no nació ciega.

Cuando una persona nace ciega es lógico pensar que no puede soñar con imágenes, porque simplemente no puede pensar en ellas, nunca las ha visto. No puede imaginar el color verde, ni el rojo ni ningún otro. Los sueños en estos casos se basan en el resto de sentidos, que los videntes también usamos en los sueños, aunque probablemente como en la vida real, con menos sensibilidad que una persona ciega. De esta forma, si una persona ciega sueña que ha jugado al fútbol, soñará con el olor de la hierba, la humedad del campo, el sonido del balón… al igual que el resto de personas, sueña con un conjunto de los recuerdos diarios, de sensaciones vividas.

El caso de una persona que durante algún periodo de su vida pudo ver es más curioso. Esas personas siguen conservando la posibilidad de pensar en imágenes, de “ver” en la mente durante algún tiempo. Todavía poseen recuerdos de su sentido de la vista, y al poder pensar en ellos, estos pueden aparecer en los sueños. Conforme su periodo de “no visión” aumenta, estas personas van perdiendo estos recuerdos, y las imágenes se deterioran poco a poco, como si de viejas fotografías se tratase. A la vez que poético, tiene que ser una putada.

La media de tiempo para perder totalmente los recuerdos de imágenes suele estar en torno a los cinco años. A partir de esta fecha, los sueños y pensamientos serán como los de una persona que nació ciega. Pero (hay un pero y este es de los que me gustan), si la persona es lo suficientemente imaginativa y practica con frecuencia la “visión” de imágenes en la mente, puede que no pierda nunca esta habilidad. Cuando leí esto me emocioné, que queréis, hay gente a la que le emocionan las rebajas, a mí leer estas cosas.

Está claro, sueños y entrenamiento mental, es un cóctel que me encanta. Según esta afirmación, es posible entrenar a nuestra mente con los elementos que queremos usar para pensar. Puede parecer muy evidente, y tal vez lo sea, pero encierra un poder enorme. Y para hablar de él, otra historia.

Matthieu Ricard nació en Francia, bioquímico, llegó a ser miembro de la academia francesa Jean François Revel (que era su padre) y trabajó realizando estudios de genética celular en el Instituto Pasteur. Llegado al máximo punto de su carrera profesional se dio cuenta de que ese no era el rumbo que quería para su vida. Lo abandonó todo y se marchó al Himalaya, adoptó el celibato y la pobreza de los monjes budistas. Aprendió a leer tibetano antiguo y comenzó con una vida desde cero. Hoy es la mano derecha del Dalai Lama.

Hace algún tiempo un grupo de científicos realizó un estudio entre cientos de voluntarios para medir las sensaciones desde nuestro cerebro. Mediante sensores y resonancias magnéticas, observando qué partes de nuestro celebro entraban en actividad se descubrían diferentes sensaciones: estrés, frustración, felicidad…

En base a las previsiones de los científicos, la felicidad podía medirse por un valor entre -0.3 (el más feliz) y 0.3 (el menos feliz). Matthieu Ricard obtuvo -0.45 al registrar una actividad inusual en la corteza izquierda del cerebro, donde residen las sensaciones placenteras. A causa de esto ha sido declarado como el hombre más feliz del planeta. Parece mejor título que el de Ingeniero en Informática, pero seguro que él no sabe programar en Java.

En muchos de sus libros se habla del entrenamiento de la mente para alcanzar la felicidad. Si todos los días estamos pensando en cosas negativas, cosas que no nos aportan nada, u odiando a otras personas, la parte de nuestro cerebro por decir de algún modo “encargada” de nuestra “infelicidad”, estará muy bien entrenada. Si por lo contrario trabajamos la felicidad día a día, la parte de nuestro cerebro encargada de ella estará entrenada y no nos asfixiaremos al intentar correr la carrera de la felicidad. Lo siento, a estas horas me pongo un poco pasteloso.

No digo que hay que lanzarse al Himalaya ni mucho menos (no sé si habéis leído bien lo del celibato, eso cierra muchas puertas), pero la idea de que podemos no olvidar sensaciones a fuerza de ejercitar nuestra mente, trabajar la actitud con la que afrontamos las cosas, decidir en cierta forma cómo sentirnos y cómo ser, a mí me da una sensación de libertad y poder tremenda.

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Written by dajoropo

28 julio, 2008 at 2:17

Publicado en Reflexiones

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Dormir soñando

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Y durante tanto tiempo soñó que dormía con ella que cuando al fin durmieron juntos, no supo qué soñar.

Written by dajoropo

3 febrero, 2008 at 12:00

Publicado en Zapatazos

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Sueños digestivos

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Ayer fuimos a cenar a un restaurante de Bombay, bueno, de aquí de Fuengirola, pero de comida de Bombay. Se llamaba “Bombay Taste” o algo así. Pero lo importante es que comimos carne con bastantes especias desconocidas y con su picantito y todo. Todo muy ambientado, los camareros casi no hablaban español, para que pareciese que realmente estabas en Bombay.

La cosa es que creo que motivados por aquella comida tan exótica al dormir tuve algunas pesadillas, como cuando te hinchas de croquetas para cenar, pero con aroma a especias de Bombay. Me desperté por la noche un par de veces, agitado y sudando, y recuerdo algo de los sueños que tuve.

El primero era una especie de castillo con trampas mortales por todas partes, no se quién me acompañaba, pero éramos un grupillo. Había cocodrilos y todo, y me desperté cuando justo un bicho enorme nos atacaba, momento de máxima tensión del sueño.

Había otro en el que un par de vampiros le chupaban la sangre a una serie de personas que había en una habitación, y yo pensando, ¿por qué no se marcharan los tontos estos de la habitación?, cuando de repente yo me convierto en el último tonto de la habitación y veo como el vampiro se abalanza sobre mi desprotegido cuello. La cosa es que recuerdo que en ese momento empecé a decirle al pinche vampiro que no me chupase la sangre, porque podría conseguirle mucha más gente y no le convenía matarme (no soy valiente ni en sueños) y el tipo se detuvo a mitad de camino, con la boca abierta sobre mi cuello pensándoselo, estaba temblando en la cama, tanto que me desperté y me salvé del vampiro, claro (hay te den draculín).

En el último sueño buscaba con mi hermano el departamento en el que tengo que hacer el proyecto fin de carrera, y había apariciones de terror por medio del camino (se nota que me entusiasma hacer el proyecto). No recuerdo cómo, pero llegué a entrar en la habitación que buscaba y entonces me encontré con una señorita angelita monísima (quién diga que los ángeles no tienen sexo tendría que ver esta de mi sueño).

Un flechazo vamos, y cuando parecía que íbamos a salirnos del género de sueños de terror a otro más para adultos, va y llegan un montón de zombies feísimos a atacarme, claro, yo me cagaba por dentro en la puta comida india que hacía aparecer a estos indeseables. Total, que se estropeó el rollito con la angelita y empecé a defender a mi amada con un abrelatas, de estos que tienen punta (Ahora si estaba en plan valiente). Les pegaba en la cabeza y les abría unas brechas considerables, estaban blanditos los zombies estos, y ante la sangre, me desperté.

Pero por lo que escribía todo esto es por el tema de los sueños lúcidos. Lo leí hace tiempo en ESDLV y la verdad es que me entró bastante curiosidad. Resulta que hay técnicas para empezar a ser un poco conscientes durante los sueños y poder controlar lo que ocurre. De esta forma podrías decidir que hacer durante tus sueños, como en la vida real y hacer un montón de cosas, las que quisieras, serías el rey del universo siempre que durmieses porque podrías hacer todo lo que tu imaginación te permitiese. Creo que hay que empezar intentando recordar los sueños y luego preguntándose cada dos por tres ¿Estoy despierto? Voy a investigar, a ver si mejoro y no me joroba ningún zombie mi rollo con la angelita, que las alas le daban un morbo…

El sábado pasado hizo dos años que regresé de Finlandia…

Written by dajoropo

8 agosto, 2006 at 0:13

Publicado en Lo que une un día con otro

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5 minutos

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Suena el despertador. A duras penas alargas el brazo fuera de la cama para pararlo. Aún así no alcanzas a pararlo, continuas apoyándote en la mesita, y con casi medio cuerpo fuera de las sábanas consigues alcanzar el dichoso teléfono.

Lo paras y piensas. 5 minutos más, puedo permitírmelos…

Comienzas a disfrutar de los cinco minutos extra que tendrás en la cama, pensando que serán maravillosos debido al frío que hace fuera de tu protectora cama, y cuando vuelves a mirar el reloj ya han pasado 2 minutos. ¿Cómo puede ser? Has perdido la infancia de tus 5 minutos, no recuerdas nada memorable de ellos. Bueno, sí los has vivido, y sabes que son buenos, pero no recuerdas haberlos disfrutado.

Sin darte cuenta estás en el minuto 3 de tu vida en la cama, digamos que la mediana edad. No te preocupas demasiado por el tiempo que queda, pero sí que te preocupas algo, aún así, sigues disfrutando del calor de las sábanas.

Pasado esto ya estás en el minuto 4, y la tercera edad viene con él. Sabes que queda un minuto para que tengas que salir (con el frío que hace fuera de la cama), quitarte el pijama (con el frío que hace fuera de la cama), y empezar a vestirte (con el frío que hace fuera de la cama). Aunque sigas disfrutando de ese minuto, ya tienes en mente que el fin está cerca.

Llega el minuto 5 y tienes que salir, si es un día que te preocupa el llegar tarde, saldrás de verdad de la cama. Habiendo estado cinco minutos en la cama, consciente, porque querías aprovechar un poco más ese ratito, no te das cuenta de que has pasado gran parte de estos pensando en el tiempo y en cuanto te quedaba, y sin haber aprovechado el tiempo como habrías querido. Si no tienes mucha prisa siempre puedes pedir otros cinco minutos de más, ventajas de la cama que no da la vida…

…Me educaron para el éxito,
y mi mayor éxito ha sido saber que no tengo educación…

Jesús Quintero, regresa El Loco de la Colina

Written by dajoropo

18 enero, 2006 at 21:12

Publicado en Zapatazos

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